Muchas veces hemos repetido estas palabras memorables, y nos han traído mucho consuelo. Pero es posible que nunca las hayamos visto en toda su profundidad, de manera que no hemos visto la plenitud de su significado. En este estudio pondremos las palabras de Cristo bajo un microscopio, y miraremos con atención en lo más profundo de cada frase.
Leído por encima, esta promesa real ha animado y alentado a decenas de miles, pero hay una riqueza en ella que sólo el buscador diligente encontrara. Sus aguas poco profundas son gratas y refrescantes para los corderos, pero en sus profundidades están las perlas por las que queremos explorar.
Primero pues, comenzaremos con la descripción de la persona invitada. El pasaje la describe tanto activamente como pasivamente. “Todos los que estáis trabajados” – (el griego expresa fatiga con cansancio) es la actividad de los humanos que llevan el yugo, y trabajan para la salvación, y están cansados de tanta labor que no llega a nada.
La metáfora que el Señor usa es la de un hombre que tiene una gran carga que se le impone, la cual tiene que cargar a cierto lugar. Cada paso que toma reduce su fuerza, y hace su carga todavía más opresiva. No obstante, tiene que llevarse a cabo; y utiliza sus esfuerzos hasta lo máximo, para llegar al lugar donde la puede poner al suelo.
¿Nunca ha sentido usted esta fatiga? El trabajo diario de siempre tratar lo mejor posible – y siempre caer corto de las expectaciones. El agotamiento de luchar para ser aceptado o aceptada y nunca poder hacer lo suficiente. Siempre enfrentarse con la realidad que lo requerido es más que su capacidad. La futilidad de siempre hacer el mal que no quiere, en lugar del bien que quiere. La frustración de siempre fallar en cumplir con la demanda. Es trabajo demoledor tener obligaciones más allá de su habilidad. Es esa actividad a cual Cristo se refiere – una actividad fatigosa e inútil.
“Todos los que estáis cargados” – es la forma pasiva de su condición religiosa, de soportar un peso o tortura. ¿Conoce usted ese peso inmenso? El temor de saber que tiene que dar cuenta por cada hecho, palabra y pensamiento. El desconsuelo de siempre sentir la culpabilidad y el remordimiento. La pesadumbre de sentirse inadecuado o inadecuada. Cansados de siempre sentirse indigno o indigna. El tormento de siempre sentir el miedo del castigo. Es una carga opresiva siempre vivir con el agarro de la duda y la desesperanza. Esa es la condición de los invitados – atormentados e incapaces.
Estas son almas que tienen que soportar el peso de sus propios pecados, y el peso de la ira divina. Tales personas con frecuencia están además cargadas por toda clase de temores y aprensiones, algunas de ellas correctamente, otras sin fundamento, pero de todos modos la carga crece día por día. Y sus esfuerzos no disminuyen los sufrimientos pasivos.
La angustia aguda de sus almas a menudo se incrementa a la medida que sus esfuerzos se incrementan. Y aunque esperan por un tiempo que si obran diligentemente podrán reducir gradualmente el montón de sus pecados; sucede que su trabajo sólo añade a su cansancio sin reducir el cúmulo de ellos. Y sienten un peso de desilusión, porque sus esfuerzos no les traen el descanso; y una carga de desesperación, porque temen que la liberación jamás vendrá.
Estos pues, son a los que el Salvador llama. Cristo llama a los que andan activamente en busca de la salvación, y sufren el peso del pecado y de la ira divina – viviendo una vida de silenciosa desesperación. Y es a estos a quienes ofrece descanso – “yo os haré descansar.” No porque lo merecen, ni porque hacen algo admirable, o porque es salario o galardón que pueden cobrar, sino como dádiva. Cristo hace el favor de ofrecernos el descanso gratuitamente.
A todos los que se sienten indignos, que andan buscando la salvación con seriedad, y sufren el peso del pecado. Él libremente les dará lo que no pueden ganar o comprar. Os lo dará como un acto de Su propia, libre, rica y soberana misericordia. Lo único que pide es que venga a Él – que deje sus esfuerzos inútiles y se ponga en Sus manos. Sólo Él ha prometido esto: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”
Es muy importante que note bien el precepto que Cristo establece – “Venid a mi” No dice, “aprended,” no es “tomad mi yugo” – ese es el siguiente versículo, y es intentado para el siguiente paso de la experiencia – pero para comenzar la palabra del Señor es “Venid a mí.” Venid, una palabra muy sencilla, pero bien llena de significado. Venir significa dejar una cosa, dejar el lugar donde está para avanzar a otro. No puede venir y quedarse en el mismo lugar, haciendo la misma cosa.
Cristo habla a todos los que están trabajados y cargados que dejen sus esfuerzos inútiles, dejen sus trabajos legalistas, dejen sus denuedos independientes, dejen sus maldades, dejen sus obras de justicia, dejen sus presunciones, dejen todo en lo que hasta ahora han confiado, y vengan a Él. Venir a Cristo quiere decir pensar en Él, avanzar hacia Él, depender de Él.
Eso quiere decir dejar que sus contemplaciones cavilen en Él que llevo la carga del pecado humano en la cruz del Calvario, donde fue hecho pecado por nosotros. Quiere decir dejar que su mente considere Aquel que desde Su cruz arrojó la enorme masa de las transgresiones de Su pueblo en un sepulcro sin fondo, donde la enterró para siempre.
Para venir a Cristo necesita pensar en Él como el sustituto y sacrificio divinamente designado para el hombre culpable, “El mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero” (1 Juan 2:2); “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.” (1 Juan 4:10).
Entonces, habiendo visto que Él es el unigénito Hijo de Dios, deje que la fe siga su contemplación; dependa de Él, y confié en Él como habiendo sufrido en su lugar, y mire a Él para el pago de su deuda que debe a la ira de Dios. Esto es venir a Cristo. El arrepentimiento y
la fe componen el hecho de venir a Cristo. El arrepentimiento que deja el lugar donde está al presente. La fe que produce la dependencia y la obediencia en Él.
Preste atención que el mandamiento “Venid” es dado en el tenso presente, y en el griego es intensamente presente – inmediato, pronto. Puede ser dicho así: “!Acá, acérquense a mi todos los que están trabajados y cargados!” Es un ‘Venid’ que no quiere decir ‘vengan mañana o el otro año o cuando les dé gana,” sino “Ahora, en este momento.” ¡Adelántense, esclavos, huyan de su capataz al instante! ¡Cansados reclínense en la promesa hoy, y descansad! ¡Vengan ya!
Por una obra de fe usted puede descansar en paz, sabiendo que ha venido a Cristo en verdad. Venga y confié en Cristo Jesús, y Él le dará el descanso, “El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado.” (Marcos 16:16). El descanso seguirá simultáneo con el ejercicio de su fe. Lleve a cabo el acto de fe ahora.
Con ese acto de fe usted estará mostrando su anhelo de tener una conciencia limpia hacia Dios, “correspondiendo a esto, el bautismo ahora os salva (no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia) mediante la resurrección de Jesucristo…” (1 Pedro 3:21). “Venir” es un verbo, un acto, un hecho – no puede venir sólo en la mente y en corazón – la “venida” necesita ser evidente por fuera.
También es importante notar que la invitación es “Venid a Mí.” Es la persona de Cristo en que debemos confiar. No es venid a Moisés y a los profetas. No hay descanso allí. Ellos sólo eran tutores para traernos a Cristo (Gálatas 3:24,25). No es venid a Mahoma, o Buda, o Zoroastro. Ellos no le ofrecen nada, y no hay descanso en ellos (Hechos 4:12). No es venid a una iglesia, o a un representante religioso, o a un credo o doctrina, o a un partido. Esas cosas sólo añaden obligaciones y no dan descanso (Marcos 7:6-8).
Si quieren descanso, almas cansadas, no la hallaran en ninguna parte hasta que vengan y arrojen sus cargas a los pies heridos de Jesucristo, entonces encontraran la vida sólo por Él. No necesita dinero, no necesita mérito o valor, no necesita preparación. Sólo venid, este mismo momento; así como está, esclavizado o esclavizada al pecado, con sus hábitos malos y adicciones – Cristo os liberara y os dará descanso.
Cristo dice que dejemos los esfuerzos inútiles y vengamos a Él, y Él nos hará descansar. Eso quiere decir que el descanso no vendrá por nuestros propios esfuerzos, sino por los de Él. Los trabajados y cansados ya experimentamos que nuestros esfuerzos sólo resultaron en desaliento. Fueron nuestros esfuerzos que nos fatigaron hacia la religión. Cuando luchamos contra los malos hábitos y adicciones por nuestra propia fuerza, sólo sentimos la intranquilidad y la frustración – culpables, temerosos y condenados. Ahora entregue su lucha a Cristo – el os hará descansar.
Fíjese muy bien lo que dice, deje que su vista se quede fija en esas dos palabras pequeñas, “y Yo.” Y recuerde al mismo tiempo Quien es el que hace la promesa. Es Cristo que promete y el que también lo lleva a cabo. No es usted, porque usted ya se mostro incapaz; ya se probó muy débil. No es otro ser humano amaestrado, porque aun así fracasan y hacen errores, y son igual de débiles.
No es ningún otro más que Cristo Jesús, quien descendió del cielo para redimir al ser humano de la esclavitud al pecado y las tinieblas y del terror del castigo. Él es poder omnipotente y amor infinito contenido en un niño igual que usted y yo, hombre frágil de carne como nosotros, amigo a cada uno de nosotros. Él es el Salvador, y no hay otro.
Él es el Cristo, el invicto Hijo del Dios viviente, Guerrero Indestructible. Él es capitán de legiones, hacedor de todas las cosas, levantador de nuestra cabeza. Él es el héroe que venció a Satanás, el campeón que destruyo al formidable enemigo de la humanidad, y aunque es rey, es nuestro hermano que caminó una milla en nuestros zapatos. Es Jesús el Cristo, designado por Dios, enviado del corazón de Dios para darle descanso.
Es Cristo el que invita y es Él el que quitara el yugo opresivo y el peso asfixiante de sus hombros. Usted viene a Él para deshacerse del pecado abrumador y la culpa torturante. Su descanso vendrá cuando acepte la propiciación que Él hizo por usted, y tenga fe completa en esa propiciación. Su descanso vendrá cuando deje con los afanes serviles y las cargas sin esperanza, y reciba gratuitamente el regalo del descanso de parte de Cristo. La bendición de la calma surgirá de creer en el sacrificio vicario del Señor.
Ahora avanzamos al siguiente pronunciamiento – el primer descanso. Parece extraño que después de haber recibido descanso, el versículo siguiente comience con, “Tomad mi yugo sobre vosotros.” Pero, ¿no fue quitado el yugo? ¿No acaba de decir que somos libres? ¿Fuimos libertados del trabajo, sólo para hacernos trabajadores otra vez? ¿Me escapo de un yugo opresor para ponerme otro?
Es muy importante que preste atención a esa declaración. Si, tenemos que traer un yugo siempre. La vida se trata de trabajar. Dios nos hizo para el trabajo, “Entonces el SEÑOR Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para quelo labrara y lo cuidara.” (Génesis 2:15).
La vida entera se trata de trabajar en una manera u otra, “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.” (Efesios 2:10); y también, “El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad.” (Efesios 4:28). Nunca habrá un momento en esta vida que podamos existir sin trabajar.
Por eso dice Cristo “toma mi yugo” y comienza. Y también habla de una carga ligera. ¿Carga? Estábamos trabajados y cargados, ¿ahora tenemos que llevar otra carga? Pues sí. Todavía tenemos un yugo (activamente), y una carga (pasivamente). Eso jamás cambiara en esta vida. Siempre tendremos que soportar ambos.
Alguien quizá está pensando, “¡Pero yo halle descanso por quitarme mi yugo y mi carga!” Y le respondo que encontrara más descanso por llevar un yugo nuevo, y por soportar una carga nueva. Su yugo irritaba, pero el yugo de Cristo es fácil; su carga era opresiva, pero la carga de Cristo es liviana. Para entender esto necesitamos entender cómo trabaja un yugo.
En los tiempos de Cristo, el yugo era una pieza de madera que se utilizaba para unir un par de bueyes para que pudieran estirar la misma carga – los bueyes casi siempre trabajan en parejas. El propósito del yugo es para distribuir la carga entre los dos bueyes para que se haga más fácil. Pero es importante que el yugo sea construido y balanceado correctamente.
Una carga desequilibrada es imposible para soportar, así el yugo es diseñado para balancear el peso de la carga para que personas o bestias puedan transportar cargas pesadas. Un yugo mal hecho o una buena yunta cargada incorrectamente, rápidamente causa el agotamiento del portador cautivado a la carga. La ley de Moisés prohibía el yugo desigual, “No ayuntarás dos clases distintas de tu ganado.” (Lev 19:19; Deut 22:10).
Así en lo espiritual, el yugo desigual también causa el agotamiento. En el Nuevo Testamento el yugo desigual del espíritu también es prohibido, “No estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos, pues ¿qué asociación tienen la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas? O qué armonía tiene Cristo con Belial? ¿O qué tiene en común un creyente con un incrédulo? ¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos?...” (2 Corintios 6:14-16).
El yugo de enemistad se une a nosotros como una banda de hierro y argolla ponderada que nos mantiene en una prisión de iniquidad por causa de nuestras transgresiones a la ley de Dios, y de las cuales – como esclavos del pecado o convictos del crimen – no podemos escapar por ningún poder de nosotros mismos.
Pero Cristo nos ofrece un yugo más adaptado a nuestra naturaleza – un yugo más fácil. La palabra para “fácil” quiere decir bien ajustado. En los tiempos de Cristo, el buey era llevado al carpintero y se medía cuidadosamente y después el yugo era cortado rústicamente. Después se probaba sobre el buey – se marcaba – y cuidosamente se ajustaba por afeitar la madera. Así cada yugo era hecho a la medida para adaptarse a cada buey. Así Cristo está diciendo, “Mi yugo es diseñado sólo para usted – le encaja perfectamente.” Por eso es fácil.
Observe también que Cristo dice “Mi yugo.” Así como el yugo físico es para ayuntar un par de bueyes para que puedan estirar una carga pesada más fácil, también el yugo de Cristo es diseñado para ayuntar un par de la misma clase – usted y Él – unidos por un Espíritu.
También, hay veces que el yugo físico es utilizado para ayuntar un buey entrenado con un buey nuevo en orden para que el entrenado ayude al nuevo aprender a estirar la carga correctamente, y al mismo tiempo soportar la carga cuando el nuevo se canse. Así Cristo nos dice que tomemos Su yugo sobre nosotros.
Somos unidos a Cristo con el mismo yugo, “Por tanto, hemos sido sepultados con El por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si hemos sido unidos a El en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de su resurrección.” (Romanos 6:4-5). Él camina con nosotros, “…he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (Mateo 28:20).
Cristo nos entrenara y nos ayudara a llevar la carga – “aprended de Mi” Cristo camina con nosotros en las pruebas y las dificultades. La carga que usted tiene que llevar se hace más fácil y liviana porque el Rey de gloria camina a su lado enseñándole la manera correcta, soportándole cuando se fatiga, levantándole cuando tropieza y cargándole cuando no puede dar otro paso.
Este es sólo un retrato del alma humana. Está bajo el dominio de Satanás, lleva su yugo horrible, y trabaja por él; soporta su maldita carga, y gime bajo su peso. Cristo lo suelta libre – pero, ¿tiene por eso descanso perfecto? Sí, pero es un descanso del pecado, no un descanso en el pecado. Lo que se necesita es un gobierno nuevo. El alma necesita tener un principio gobernador y soberano, un motivo principal. Cuando Cristo toma esa posición, entonces viene el descanso.
Cuando venimos a Cristo hallamos consuelo, misericordia, y gracia. Sólo Él nos entiende perfectamente y se relaciona con nuestro dolor y sufrimiento. Cristo conoce nuestras debilidades porque Él sufro las mismas tentaciones que nosotros, “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado.” (Hebreos 4:15).
Aunque es Sumo Sacerdote, Él puede obrar con benignidad para con los ignorantes y extraviados, puesto que él mismo fue sujeto a las mismas flaquezas que ellos. Y Él ha dicho que nunca los dejara solos, “Sea vuestro carácter sin avaricia, contentos con lo que tenéis, porque El mismo ha dicho: NUNCA TE DEJARE NI TE DESAMPARARE” (Hebreos 13:5).
Todos ustedes que nunca han sentido este descanso – Vengan a Cristo y recíbanlo. Eso es todo lo que necesitan hacer – venir a Cristo. Sólo pongan su mano vacía hacia fuera, ejerciten su fe en un acto sencillo de bautismo, y lo recibirán al instante y gratuitamente. Es un descanso presente, no después de la muerte; no después de una prueba y crecimiento y desarrollo; sino es un descanso al momento que venimos a Cristo. Recibirán descanso de todos sus pecados pasados, de todos sus esfuerzos fútiles, un descanso que es para la gloria de Dios y para el gozo suyo.
Ahora procedemos al segundo descanso. Fíjese que hay dos descansos – un descanso después del descanso. Cristo primero dijo “yo os hare descansar,” y después dice “y hallareis descanso.” Al decir “hallareis” implica que hay que buscarlo. Pero si Él da el descanso, ¿por qué necesitamos buscarlo? Este descanso es de uno que ya está en descanso. Es un nivel más alto de reposo para el que ha recibido el descanso dado. Es algo que se descubre después del descanso inicial. Este es la tranquilidad del aprendiz – “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas.”
Este no es tanto el descanso del que antes trabajaba y estaba cargado, como es del que ahora aprende a los pies de Jesucristo. Habiendo sido perdonado o perdonada, la persona salvada en el curso de su experiencia descubre más y más razón para la paz – está aprendiendo, buscando y hallando. Evidentemente, el descanso es una iluminación, algo desconocido que se hace un descubrimiento. La persona recibió descanso de su carga; ahora encuentra un descanso en Cristo que excede lo que pedía o esperaba.
El apóstol Pablo oraba sin cesar para que creyentes recibirán esta iluminación, “Mi oración es que los ojos de vuestro corazón sean iluminados, para que sepáis cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos...” (Efesios 1:18-19).
Este segundo descanso es el desarrollo del carácter cristiano – “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Cuando aprendemos a los pies de Jesucristo, y nos hacemos como Él – mansos y humildes de corazón. Cuando conocemos la anchura, la longitud, la altura y la profundidad del carácter de Cristo, y nos ajustamos a ese carácter, “… contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.” (2 Corintios 3:18). Entonces, y sólo entonces hallamos el segundo descanso para nuestras almas.
Cristo nos da el primer descanso – del pecado y la culpabilidad – pero nosotros buscamos y hallamos el segundo descanso. Después de recibir a Cristo necesitamos aprender Su valor, y descubrir por la enseñanza del Espíritu la plenitud del descanso que Él nos concede. Usted que ha sido salvo o salva por muchos años ya, ¿ha descubierto todo lo que Cristo le ha dado? ¿Ha usted encontrado el cajón secreto?
Cristo le ha dado descanso, ¿pero ha usted hallado el descanso más intimo que Él obra en sus corazones, “… de manera que Cristo more por la fe en vuestros corazones; y que arraigados y cimentados en amor, seáis capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que seáis llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios.” (Efesios 3:17-19)?
Todo esto es suyo, porque está incluido en la misma promesa. Pero no es suyo disfrutado, entendido, y triunfado hasta que lo haya hallado, porque este es un nivel más alto – es un reposo después del descanso. Es un descanso espiritual y comprobado que viene sólo a los que lo encuentran por la experiencia.
Además observe que el descanso en ésta segunda parte del texto es un descanso en el servicio. Está acoplado con un yugo, para la actividad – “mi yugo es fácil.” Está también conectado con una carga, para el aguante – “mi carga ligera.” El cristiano no encontrara el descanso en estar ocioso. No hay un malestar mayor que el del perezoso. Si quieren descanso, tomen el yugo de Cristo, y participen activamente en Su servicio.
Como el buey recibe un yugo sobre su cuello y luego comienza a estirar, así nosotros tomamos el yugo de Cristo y comenzamos a obedecerle. El descanso del cielo no es un reposo de dormir – están sirviendo día y noche a Dios. Todo cristiano activo le dirá que nunca están tan felices como cuando tienen mucho que hacer, y cuando tienen comunión con Jesucristo en las experiencias. No busquen el descanso en los puros goces y emociones de la religión, sino hallen el descanso en llevar un yugo que aman, y que, por esa razón, es fácil sobre su cuello.
Pero, igualmente debemos estar dispuestos a soportar la carga de Cristo. La carga de Cristo es la cruz, la que todo cristiano necesita tomar. Espere ser reprochado o reprochada, espere encontrar hasta cierto grado el escándalo de la cruz, porque la ofensa de ella nunca se acaba. La persecución y el reproche son una carga bendita. Cuando ama al Señor con su alma es cosa leve sufrir por Él, y por eso nunca, por algún alejamiento cobarde o el rechazo de profesar su fe, evite su parte de esta carga honorable. El descanso del cristiano no se encuentra en la cobardía, pero en el coraje; no se encuentra en proveer para la facilidad, sino en sufrir valiente por la verdad.
Captar el espíritu de Cristo es el camino al descanso de su alma. Creer lo que Él me enseña es algo, reconocerlo como mi líder religioso y mi Señor es mucho, pero luchar para ser conforme a Su carácter, no sólo en el desarrollo externo sino en Su espíritu interior, es la gramática del descanso. Aprended a ser como el Único manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para tu alma.
El descanso está preparado para usted. Está en venir a Cristo, dejando todos los esfuerzos improductivos, dejando tanto lo que sabe que es malo, así como lo que cree que es bueno. Está en tomar el yugo de Cristo y aprender de Él. Eso quiere decir hacer un lado todos los prejuicios del pasado. Aprender de Cristo y echar fuera todas las ideas preconcebidas de lo que es la religión. Arroje todas esas cosas; aprenda de Cristo, y desaprenda sus propios pensamientos. Deje que Cristo le enseñe de nuevo lo que verdaderamente es bueno y malo.
No se preocupe si acaso usted es capaz de vivir la vida que Cristo demanda. No tenga miedo que la obligación será más de lo que usted puede obrar. No se mortifique que la carga será más pesada de lo que usted puede soportar. Cristo siempre estará a su lado, “…Si alguno me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos con él morada.” (Juan 14:23).
Cuando leo las promesas de Cristo en el Nuevo Testamento y miro este pasaje desde sus varios puntos, me parece que el Señor quería comunicar la idea de una comunión mucho más íntima de lo que muchos entienden.
Me parece que Cristo en efecto está diciendo, “Yo soporto un lado del yugo sobre mi hombros. Ven, mi discípulo, pon sobre tu cuello el otro lado del yugo, y luego aprende de Mí. Mantén el paso conmigo, sé como Yo soy, haz como Yo hago. Yo soy manso y humilde de corazón; tu corazón necesita ser como el Mío, y entonces trabajaremos juntos en bendita comunión. Hallaras que trabajando conmigo es una cosa feliz; porque mi yugo es fácil para Mí, y será también para ti. Ven, pues, compañero o compañera de yugo, ven y ajúntate conmigo, toma mi yugo sobre ti, y aprende de mi.”
“Al oír esto, los discípulos estaban llenos de asombro, y decían: Entonces, ¿quién podrá salvarse? Pero Jesús, mirándolos, les dijo: Para los hombres eso es imposible, pero para Dios todo es posible.”(Mateo 19:25-26)
“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” (Filipenses 1:6)
Tal como soy, sin más decir, que a otro yo no puedo ir,
Y Tú me invitas a venir, bendito Cristo, heme aquí.
Tal como soy, sin demorar, del mal queriéndome librar,
Tú sólo puedes perdonar, bendito Cristo, heme aquí.
Tal como soy, en aflicción, expuesto a muerte y perdición,
Buscando vida y perdón, bendito Cristo, heme aquí.
Tal como soy, Tu gran amor me vence, y busco Tu favor,
Servirte quiero con valor, bendito Cristo, heme aquí.
“En Dios solamente descansa mi alma; de Él viene mi salvación. Solamente Él es mi roca y mi salvación; es mi refugio, jamás seré derrotado.” (Salmos 62:1)
“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” (Juan 17:3).
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Este estudio pertenece al hermano:
RODOLFO PEÑA.
Si desea escribirle:
penarudy@comcast.net