En 1 Sam. 15:3 Dios manda al rey Saúl exterminar a los Amalecitas, junto con sus animales. En primer lugar, podemos preguntar porque Dios mando matarles. En el mismo contexto Dios dice, “Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponerse en el camino cuando subía de Egipto” (v. 2). También, Gen. 15:16 dice, “porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí”. Dios destruyó los pueblos de Canaán, no por dar su tierra a los Israelitas, sino por sus maldades (lea también Lev. 20:22-24) Los amalecitas formaron parte de los amorres y más de 700 años después de la promesa a Abram, hecho en Gen. 15:16, Dios los destruyó porque su maldad ya había llegado a su colmo. Les dio más de 700 años para arrepentirse y en vez de mejorarse se hicieron peores, ya llego el momento de castigo por sus maldades y Dios los destruyó por medio de Israel. Cuando la maldad de la nación de Israel era incurable Dios los castigó usando la nación de Asiria y castigó los pecados de Judá por medio de Babilonia, y destruyó Babilonia por los Persos. Él nos da tiempo para arrepentimiento, pero si no, castigaré a cada persona y nación por sus maldades.
Pero alguien preguntaré, “¿Pero aún los infantes inocentes, que ni pueden pecar? Nunca gozaron de este mundo y no tuvieron pecado.” Como niños, eran inocentes, pero si hubiesen sido creados en esta cultura tan malvada, de adultos ¿Serán inocentes? ¡No lo creo! Y adultos malos pasarán la eternidad en el infierno, pero si murieron como niños inocentes estarán con Dios por la eternidad. Fue la misericordia de Dios que murieron en este estado, pensando no en los pocos años que podían pasar en este mundo lleno de sufrimientos, dolores, y pecado, sino a largo plazo, que estarán para siempre en un lugar de reposo y paz, donde no hay dolor.
Bueno, volviendo al mandato de Dios al rey en v. 3. El mandamiento es bastante claro, no hay nada difícil de entender. Saúl, de su parte, va con su ejército y mata a todos los amalecitas pero mantiene el rey vivo. Preguntamos, ¿Saúl obedeció a Dios, o no? “Bueno, casi le obedeció” dirá uno. ¿Dios acepta obediencia parcial, o no? Sabemos que NO. Y cuando vieron a los animales, muchos de ellos muy buenos y bonitos, se le ocurrió a Saúl una idea mejor (parece que el pueblo le indicó esta idea, o tal vez quería echar la culpa a ellos, v. 9 y v. 21, pero como rey él es responsable), de ofrecer las mejores vacas y ovejas como sacrificio al Señor. Imaginase que sacrificio será, por lo menos cientos, si no miles de animales. ¿No será muy grato a Dios, un sacrificio tan enorme? En los versos 22 y 23 vemos la respuesta de Dios: “Y Samuel dijo: ¿Tiene Jehová tanto contentamiento con los holocaustos y víctimas, como en obedecer a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios; y el prestar atención que la grosura de los carneros: Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría el obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.”
Es cierto que Dios mandó sacrificios de animales bajo la ley de Moisés, pero en verdad ¿Qué sacrificio fue esto? ¿Qué dieron los Israelitas a Dios en este sacrificio? Nada, porque no eran suyos los animales, ni podían ser suyos. Por eso, en 2 Sam. 24:18-24 David compró terreno, bueyes, y todo para hacer un sacrificio a Dios. No entendieron lo que es un sacrificio.
Pero lo importante del caso es hacer claro la importancia de la obediencia delante de Dios. Sacrificio era un mandamiento y entiendo que Saúl y el pueblo no desobedecieron a Dios por ser rebeldes, sino que les ocurrió algo mejor que el mandato de Dios. Pero Dios les hizo saber, y está escrito para nuestra enseñanza también que lo mejor es obedecerle, si lo entendemos o no, si nos parece bien o no, debemos en todo obedecerle.
El castigo para Saúl fue Dios le quitó de su reino; en vez del reino pasar a un hijo de Saúl, cuando él falleció, pasó a otro, de otra tribu, David. Su pecado afectó no solamente él, sino también a sus hijos.
Hermanos/as, condenamos a los sectarios por no seguir los mandamientos de Dios. Cristo también condenó a los fariseos por lo mismo; “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tú nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tú nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (Mat. 7:21-23) Pero si nosotros obedecemos solamente algunos de sus mandatos, somos tan culpables como ellos. Puede ser que lo justificamos porque “no es gran cosa, no creo que Dios castigará a alguien por algo tan pequeño” o “lo hago de todo buen corazón”, pero Dios requiere obediencia, no lo que yo creo o prefiero o se me hace mejor.
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Tol Burk
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