El Gozo Del Señor

“Entonces Nehemías, que era el gobernador, y Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Este día es santo para el SEÑOR vuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la ley.  También les dijo: Id, comed de la grosura, bebed de lo dulce, y mandad raciones a los que no tienen nada preparado; porque este día es santo para nuestro Señor.  No os entristezcáis, porque el gozo del SEÑOR es vuestra fortaleza.” (Nehemias 8:10).

Rodolfo Peña

 
 

                                                                

Una de las equivocaciones más grandes del cristianismo evangélico moderno es la creencia que los cristianos deben de estar felices todo el tiempo.  Este movimiento ha hecho a muchos creer que la felicidad es un requerimiento cristiano – que el estar tristes es falta de fe.  Y muchos cristianos equivocadamente tratan de esconder su tristeza, gastando toda su energía en presentar una fachada alegre todo el tiempo.  Erradamente creen que dejar ver su tristeza es un mal testimonio de su fe.

Pero eso no es Escritura.  En ninguna parte dice la Biblia “Sé feliz.”  La Palabra de Dios no enseña el mensaje de la canción popular de unos años atrás, “No te Mortifiques, sé Feliz.”  Lo que la Escritura enseña es, Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez lo diré: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4).  Y hay un mundo de diferencia entre los dos.

En el griego son dos palabras distintas para felicidad y gozo.  La palabra griega para felicidad es makarios y se refiere a la libertad de los ricos de los cuidados y las mortificaciones comunes.  Esta es la palabra que se usa para describir a la persona que ha recibido una forma de buena fortuna—dinero, salud, hijos, etc.   Si una persona es feliz, es extremamente bendecida, afortunada y está bien acomodada porque las cosas van bien para él o ella – su situación externa es buena.  No hay crisis en su vida, se siente bien, hay dinero en el banco, nadie anda detrás de él o ella, su trabajo va bien, etc.  De eso se trata la felicidad.

Pero cuando esas cosas comienzan a cambiar, entonces no permanecemos felices.  Cuando viene el divorcio y de repente perdemos la casa, nos quedamos sin dinero, y vemos a la persona que amamos con otro u otra — ya no somos felices.  Cuando las condiciones externas no van bien entonces es difícil aceptar que los cristianos siempre deben ser felices.  Cuando las cosas suceden mal sentimos incomodidad e irritación con todo. 

Aun Cristo sintió esta irritación cuando vio que los hombres hacían comercio de las cosas de Dios (Mateo 21:12-13).  Y también sintió la tristeza e incomodidad de la pérdida de un querido, y lloro (Juan 11:33-36).  Y cuando estaba colgado en la cruz, sus palabras no eran, “¡Hola, la vida es buena!  ¿Por qué estas triste, madre?  ¡Alégrate!”

No tenemos un mandamiento directo de ser siempre felices.  Ni tampoco tenemos el ejemplo de un Salvador siempre feliz.  Lo que si tenemos es la promesa del gozo, y el mandamiento de regocijarnos.  La palabra en el griego para gozo es chairo, y es descrito por los griegos antiguos como la “culminación de ser” y el “buen humor del alma.” 

Chairo, según los griegos antiguos, se encuentra sólo en Dios y viene con la virtud y la sabiduría.  Es el deleite calmado o el contentamiento tranquilo de uno que ha vencido obstáculos y ha pasado por pruebas y alcanzado madurez.  No es la virtud del neófito, sino viene como la culminación o perfección.  Según los griegos antiguos, lo opuesto no es la tristeza, sino el temor.

La felicidad es la gran emoción que sentimos cuando todo va parejo.  El gozo es lo que Dios da en medio de los problemas cuando entregamos esos problemas en Sus manos.  Ni la felicidad ni el gozo tienen temor.  La felicidad no tiene temor porque nada está mal, y todo va como debe.  El gozo no tiene temor porque nos hemos rendido y soltado el asunto para confiar en Dios que nuestro sufrimiento está sirviendo un propósito que sólo Él entiende.  El gozo no se trata de deshacerse de los problemas, sino de deshacerse del temor de esos problemas.  En otras palabras, tenemos felicidad POR CAUSA de nuestra situación; pero tenemos gozo A PESAR de nuestra situación.

Hay aquellos para quienes el gozo suena ilógico porque están impuestos a lo temporal y mundano.  Para la persona superficial todo lo externo necesita estar perfecto para ellos poder sentir contentamiento.  No han podido desarrollar la característica interna de gozarse en medio del dolor. 

 

Hay personas que no han podido aprender la lección que la felicidad es ligera, pero el gozo interior eterno.  No han podido aprender lo que las madres saben instintivamente — sufrir el dolor externo con calma interior por el deleite futuro.  Las cosas externas nunca van a ser perfectas, pero por la ayuda divina nuestro interior si – de eso se compone el cielo y nosotros estamos siendo preparados para ello.

En el pasaje en cuestión, debemos notar que aunque la ocasión abundaba de congoja, esta no era razón porque ellos no podían regocijarse en el Señor.  El dolor externo nunca ha detenido a nadie de gozarse en el interior.  En este caso ellos estaban afligidos por el remordimiento y lloraban con el dolor de uno que ha sido rescatado del castigo que trajo a sí mismo.

Los Israelitas estaban recién libertados de la cautividad en Babilonia por 70 años.  Muchos de ellos estaban oyendo la Ley de Moisés por primera vez y otros podían recordar los tiempos cuando se leía regularmente.  Cada uno de ellos sintió la necesidad insondable de la Ley de Dios y su propia falta en cumplirla.  Todos estaban llenos de remordimiento al darse cuenta que tan lejos habían fallado al Señor su Dios. 

La primera lección que aprendemos es que el gozo del Señor viene del arrepentimiento verdadero – sin ello no es posible.  Cuando el alma ha sido saturada con la lluvia de la penitencia, entonces el resplandor claro del amor que perdona hace que las flores del contentamiento florezcan todo alrededor.  Los pasos por los que ascendemos al palacio del contentamiento tranquilo suelen ser húmedos de lágrimas.  El luto por el pecado es el pasillo de la Casa Hermosa, donde los invitados están llenos del gozo del Señor. 

Espero, pues, que los dolientes, a los que este discurso se dirige, descubran y disfruten del significado de la bendición divina del sermón del monte, Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados.” (Mat 5:4).

De nuestro texto obtendremos varios temas de pensamiento, y explicaremos primero que hay un gozo de origen divino —“el gozo del Señor.”  Y segundo, que ese gozo es para todos los que participan de él una fuente de fortaleza—“el gozo del Señor es vuestra fortaleza.”  Luego procederemos a demostrar que tal fortaleza siempre se revela prácticamente.  Y terminaremos con notar que este gozo, y por consiguiente, esta fortaleza, está a nuestro alcance hoy. 

Ahora bien, el primer punto: Hay un gozo de origen divino—“El gozo del Señor.”  Surgiendo del SEÑOR como su fuente, necesariamente es de carácter muy elevado.  Desde que el ser humano cayó en el jardín del Edén, con demasiada frecuencia ha buscado sus goces donde la serpiente encuentra los suyos.  Está escrito, “…sobre tu vientre andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.” (Génesis 3:14).  Ese fue el castigo de la serpiente, y el hombre, con ambición cautivada, ha tratado de hallar su deleite en sus apetitos sensuales, y de contentar su alma con el polvo pobre de la tierra.

Pero los goces del tiempo no pueden satisfacer una naturaleza que no perece.  Y cuando un alma es una vez vivificada por el Espíritu eterno, ya no puede llenarse con alegría mundana, o incluso con los goces comunes de la vida, así como no puede un hombre aspirar el viento y alimentarse.

Pero, queridos creyentes, Dios no nos ha dejado solos para buscar el gozo de nuestra propia manera.  Ese gozo ha sido traído a nuestras puertas por el amor de Dios; gozo refinado y satisfecho, propio para espíritus inmortales.  Dios no nos ha dejado a vagar entre las cosas insatisfactorias que se burlan de la búsqueda que invitan.  Dios nos ha dado apetitos que las cosas carnales no pueden complacer, y ha proveído satisfacción apropiada para esos apetitos. 

Dios ha almacenado a Su mano derecha placeres para la eternidad, que ahora revela por Su Espíritu a los escogidos a quienes ha enseñado anhelarlos, Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en El antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él.” (Efesios 1:3-4).

Trataremos de analizar ese especial y distintivo placer que la Biblia llama “El gozo del Señor”  Sale de Dios, y tiene a Dios por su objeto.  El creyente que está en un estado espiritual saludable se regocija principalmente en Dios mismo.  Se regocija porque hay un Dios, y porque Dios es en Su persona y carácter lo que es.  Todos los atributos de Dios se convierten en fuentes de regocijo para el creyente reflexivo y contemplativo. 

Porque tal persona dice en su alma, “Todos los atributos de Dios son míos: Su poder, mi protección; Su sabiduría, mi guía; Su fidelidad, mi fundamento; Su gracia, mi salvación.”  Él es un Dios que no puede mentir, fiel y verdadero a Sus promesas.  Él es todo amor, y al mismo tiempo infinitamente justo, supremamente santo.  Pues, la contemplación de un Dios así a uno que sabe que es su Dios por los siglos de los siglos, es suficiente para hacer los ojos desbordarse con lágrimas, por el profundo regocijo misterioso e inefable que llena el corazón.

No hay nada en el carácter de los dioses fingidos de los paganos para alegrar un espíritu santo y puro, pero hay todo en el carácter de Jehová, tanto para purificar el corazón y para que se emocione de placer.  Cuan dulce es pensar sobre todo lo que el Señor ha hecho, como se ha revelado a si mismo desde tiempos antiguos, y especialmente la forma en que ha mostrado Su gloria en el pacto de la gracia, y en la persona del Señor Jesucristo.  Qué bello es el pensamiento que ese Dios se ha revelado a mí en lo personal, y me hizo verlo como mi Padre, mi Amigo, mi Auxilio, mi Dios.

Cuando el hijo o hija de Dios, después de admirar el carácter y maravillándose por las obras de Dios, al mismo tiempo puede sentir “Él es mi Dios; yo lo he recibido como mío; Él me ha aceptado como suyo; Él me ha agarrado con la mano de Su amor poderoso; me ha amado con un amor perpetuo; con las cuerdas de benignidad me ha llamado a Si mismo.”  Pues, si podemos pensar así, nuestra alma de buena gana danzará como David delante del arca del Señor, regocijándose delante del Señor con toda su fuerza.   

Otra fuente adicional de gozo se encuentra, por el que está viviendo cerca de Dios, en el sentido profundo de reconciliación con Dios, de ser aceptados por Dios, y además, de ser adoptados y tener una relación cercana con Dios.  ¿No da regocijo saber que aunque una vez sus pecados habían provocado al Señor ahora son todos borrados?  Ni uno de ellos permanece.  Aunque una vez estábamos separados de Dios, y lejos de Él por nuestras malas obras, ahora somos hechos cercanos por la sangre de Cristo.  ¿No es esta una maravilla?  ¿No es algo porque regocijarnos aun en tiempos de angustia?  Tales pensamientos ciertamente deben confortar el alma.

Pero eso no es todo.  El gozo del Señor también brota de una seguridad que todo el futuro, cualquiera que sea, está garantizado por la bondad divina, Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito.” (Romanos 8:28).  Eso quiere decir que como hijos e hijas de Dios, el amor de Dios hacia nosotros no es de carácter mutable, sino habita y permanece invariable.  El creyente siente una satisfacción completa en encargarse en las manos del amor eterno e inmutable.

Indiferente de que tan feliz sea hoy, si estoy en duda del día de mañana, entonces hay un gusano en la raíz de mi paz.  Aunque el pasado sea dulce en mirada retrospectiva, y el presente suave en disfrute, sin embargo, si el futuro es sombrío con miedo, mi gozo es superficial. 

Pero cuando sé que Aquel en quien he confiado tiene poder y gracia suficiente para completar lo que una vez comenzó en mí, y para mi, estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” (Filipenses 1:6); cuando percibo que la obra de Cristo no es una redención a medias, pero una salvación completa y eterna; cuando entiendo que las promesas de Dios son establecidas sobre un fundamento inalterable, ratificadas por el juramento de Dios y selladas por la sangre de Cristo, entonces mi alma tiene gozo perfecto.

Es cierto que al mirar hacia el futuro se pueden ver largas avenidas de tribulación, pero la gloria está al final de ellas.  Es verdad que batallas son previstas, y pobre de aquel que no las espera, pero el ojo de fe percibe la corona de la victoria.  Aguas profundas son asignadas a nuestro viaje, pero la fe puede ver a Jehová vadeando los ríos con nosotros, y anticipa el día cuando subiremos a la orilla de la playa y allí entremos al reposo de Jehová.  Cuando hayamos recibido estas verdades inestimables en lo más profundo de nuestro ser seremos satisfechos con el favor y la plenitud del Señor—disfrutaremos del gozo del Señor.

Pero vamos a más grandes profundidades de gozo.  Hay una profundidad de deleite para todo cristiano cuando actualmente entra en comunión con Dios.  Es una cosa hablar de la verdad que Dios nos ha amado, y del hecho que estamos relacionados a Él con lazos muy cercanos y queridos; pero, ah, cuando esas doctrinas se hacen experiencias, entonces verdaderamente somos ungidos con el aceite del regocijo.  
Cuando entramos en el amor de Dios, y ese amor entra en nosotros, cuando caminamos con Dios habitualmente, entonces nuestro gozo es como un rio que se desborda por todas las riberas.

¿Sabe usted lo que eso significa—caminar con Dios—el gozo de Enoc; sentarse a los pies de Cristo—el gozo de María; recostar su cabeza sobre el pecho de Jesucristo—el gozo de Juan?  Oh si, la comunión con el Señor es más que sólo palabrería para cristianos que caminan al paso de Dios. 

Lo han conocido en la cámara de la aflicción; lo han conocido en la soledad de muchas noches de descanso roto; lo han conocido bajo el desaliento y las penas y las difamaciones, y todo tipo de males; y estiman que una onza de comunión con Cristo es bastante para endulzar un mar lleno de tribulación, y que sólo saber que está cerca de nosotros, y ver con nuestros ojos de fe el brillo de Sus queridos ojos, es bastante para transformar aun el infierno mismo en un cielo.  Dichosa la persona que, en la tempestad más terrible es impulsado—no de su Dios, pero más bien a cabalgar sobre la cresta de las olas elevadas más cerca hacia al cielo.  Ese es el gozo del cristiano.  

Hay un camino especial, una senda íntima, y todos los que caminan allí se regocijan tanto como caminan seguros.  Muchos profesores caminan apenas dentro la protección divina, caminan en la zanja por el lado de la carretera, y porque se sienten seguros allí, están contentos en soportar todas las inconveniencias de su caminata.  Pero aquel que se echa de todo corazón al frente del camino, y anda en medio del camino que Dios ha establecido, hallara que no hay león allí, ni ninguna bestia devoradora ira por allí, porque allí el Señor mismo será su compañero, y se manifestara a él o ella, Porque yo soy el SEÑOR tu Dios, que sostiene tu diestra, que te dice: No temas, Yo te ayudaré.” (Isaías 41:13).  Esa es medicina deliciosa y eficaz.

Ahora, al segundo punto—Este gozo es una fuente de grande fortaleza.  La razón es porque este gozo surge de las reflexiones que siempre fortalecen el alma.  Mucha de la profundidad de nuestra piedad dependerá de nuestras meditaciones.  Muchas personas, después de haber recibido una doctrina, la ponen en la rinconera y allí se queda. Según ellos son devotos, han recibido la verdad, y están contentos en guardar esa verdad a la mano como un patrón muerto.

Pero, hermanos y hermanas, ¿de qué sirve eso para ustedes?  ¿Cuál es la idea de almacenar sus graneros de trigo si nunca lo muelen para el pan, o lo siembran en los surcos de sus campos?  Dichoso el cristiano que usa las doctrinas del evangelio para alimento espiritual, como fueron intentadas que se usaran.  La mera verdad, para muchos cristianos es igual tener una creencia errada que fiel para lo mucho que les sirve.  Simplemente tener la idea que saben, y creyendo que el sólo saber basta, no reflexionan ni contemplan las verdades que profesan creer y, por consiguiente, no reciben algún beneficio de ellas.

Hermanos y hermanas, la clave a su gozo aquí en la tierra está en contemplar las verdades grandes de las bendiciones divinas, del amor eterno, de los compromisos del pacto, de la justificación por fe por la sangre de Cristo, y la morada perpetua y permanente del Espíritu de Dios en su gente.  El entregarse a estas cosas es extraer de ellas gozo del Señor; y también es fortalecer la mente. 

La meditación divina es muy importante, ¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores
sino que en la ley del SEÑOR está su deleite, y en su ley medita de día y de noche!  Será como árbol firmemente plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita; en todo lo que hace, prospera.” (Salmos 1:1-3).

Necesitamos exprimir las uvas celestiales por la meditación, y hacer que el flujo de vino rojo chorree en torrentes.  Ese es un ejercicio tan fortalecedor como es estimulante.  El gozo viene de las mismas verdades que apoyan nuestra fortaleza, y viene por el proceso de meditación.  El gozo del Señor se cultiva en el interior – en lo más profundo del ser, y no en circunstancias externas.  Ese gozo interior es la seña y símbolo de una vida espiritual fuerte.  Una vida santa es la seña del vigor espiritual. 

Hemos visto que la persona que tiene gozo espiritual lo obtuvo por la comunión con Dios, pero también la comunión con Dios es el más seguro desarrollo de la fortaleza.  No podemos caminar con un Dios fuerte sin adquirir la fuerza también nosotros, porque Dios es siempre un Dios transformador. 

Cuando meditamos y ponemos nuestra mira en Él, nuestra semejanza cambia al grado que nos convertimos más como el Dios que adoramos, Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.” (2 Corintios 3:18).  Todos nos hacemos como lo que adoramos.  El que adora el dinero, se hace avaricioso.  El que adora el sexo, se hace lascivioso.  El que adora el poder, se hace despótico.  El que adora al Señor, se hace como Él.  ¿Qué adora usted?

Los que caminan a luz del rostro de Dios, son por eso mismo afectuosos y fuertes.  La luz del gozo por lo general va con el calor de la vida espiritual.  Como la luz del gozo se varía también se varía la fortaleza santa.  Los que habitan en la luz de Dios son a la vez contentos y fuertes.  Cuando entramos en la sombra y perdemos el gozo del Señor también nos hacemos débiles.  Por lo tanto, el gozo del Señor es nuestra fortaleza.

Una persona gozosa, entonces, es a todos los efectos, una persona fuerte.  Es fuerte en una manera calmada y reposada.  Pase lo que pase no se agita ni se perturba.  No tiene miedo de malas noticias, su corazón está fijo, confiando en el Señor.  La persona agitada es siempre débil.  Anda a la carrera, y hace las cosas mal.  La persona llena del gozo interno es quieta, aguarda su tiempo y se sujeta en la plenitud de su fuerza.

Su luz interna le hace independiente del sol externo; sus graneros secretos le hacen independiente de la cosecha visible; sus fuentes interiores le colocan más allá del temor aunque los arroyos exteriores se sequen; es independiente de los hombres y los ángeles, y  sin miedo de los demonios; todo el mundo puede voltearse en su contra si desea, pero dado que Dios mismo es su gran deleite, no echará menos al amor de ellos ni lamentara su odio.

Eso nos lleva al tercer tema—Esta fortaleza produce resultados prácticos.  En Nehemías 12:42-43 nos dice cual fue el resultado de la fortaleza que el gozo del Señor produjo en los Israelitas, “…Y los cantores cantaban en alta voz, dirigidos por Izrahías.  Y ofrecieron aquel día grandes sacrificios y se regocijaron porque Dios les había dado gran alegría; también las mujeres y los niños se regocijaron; y el regocijo de Jerusalén se oía desde lejos.”

El pasaje nos muestra los frutos del gozo santo y la fortaleza piadosa.  Primeramente produce grande alabanza, “Y los cantores cantaban en alta voz”   El pueblo cantaba fuertemente y entusiásticamente.  El cantico espiritual no es cosa insignificante.  Si nos ponemos a pensar, el fin principal del ser humano no es la predicación y la oración, sino la glorificación de Dios de las cuales adorar a Dios vocalmente es una forma.  La predicación es sembrar, la oración es regar, pero la alabanza es la cosecha.

Dios quiere nuestra alabanza, El que ofrece sacrificios de alabanza me honrará…” (Salmos 50:23).  Pero es importante que cantemos Sus alabanzas con entendimiento.  Necesitamos hacer un lado las arpas y trompetas e instrumentos; necesitamos elevarnos sobre la necesidad de esas cosas.  Para alabar a Dios con entendimiento necesitamos renunciar estas ayudas del uso común porque son inferiores aun en música a la voz humana, Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante El, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre. (Hebreos 13:15). 

No hay melodía o armonía como la que es criada por la lengua viva.  No debemos dejar que nada nos robe un átomo de regocijo.  Nuestro regocijo se muestra cuando en la congregación nos unimos en cantico espiritual y salmodia.  Es cosa triste oír las alabanzas de Dios reproducidas profesionalmente — como que si la pura música era el todo.  Algo está mal cuando una docena de personas de pie o en una banca enfrente cantan por usted; como si fueran los apoderados de toda la congregación.

Cuando el pueblo de Dios está lleno del gozo del Señor y de fortaleza divina, sus cantos serán más constantes y universales.  Alabemos al Señor desde la salida del sol hasta la puesta del sol, porque grande es el Señor, y en grande manera debe ser alabado.

El siguiente resultado es el grande sacrificio, Y ofrecieron aquel día grandes sacrificios y se regocijaron”  Muchas veces cuando hacemos un sacrificio es de una manera que indica que preferíamos escapar la obligación si pudiéramos.  Muy pocos hacen grandes sacrificios y se regocijan.  Muchos damos porque nos avergonzamos no hacerlo, pero en nuestros corazones quisiéramos que esa tarea fuera de otro.  

Pero la ofrenda más agradable para Dios es la que es dada con alegría, Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre.” (2 Corintios 9:7).  El gozo del Señor produce una actitud sacrificada y generosa.

Pero con esa actitud siguen otras expresiones de gozo.  El pasaje dice, “y se regocijaron porque Dios les había dado gran alegría.”  No todo era cantar y dar.  Cuando el corazón está bien todo lo demás sigue igual, Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma.” (3 Juan 1:2).  Cuando prosperamos por dentro, entonces también podemos prosperar por fuera — todo comienza por dentro.  Cuando una persona se goza por dentro, las cosas externas no pueden robar su paz.

Aunque reconocemos nuestra corrupción, y lamentamos; y somos experimentados en los dolores del mundo, y también a veces suspiramos mientras los soportamos; sin embargo hay un gozo en la obra perfecta de Cristo, y nuestra unión con Él nos eleva sobre todas esas cosas.  Dios se hace en nosotros una pujanza tan fuerte que no podemos evitar más que demostrarlo en la vida ordinaria.  Los males de este mundo no pueden quitarnos la armonía y el deleite calmado que gozamos como Sus hijos e hijas.  Y ese contentamiento tranquilo se hace bendición para otros.

Muchos necesitan toda la religión que pueden conseguir sólo para alegrar sus propios corazones, mientras que todos alrededor se quedan temblando en el frio de la impiedad.  No tienen bastante energía espiritual para ser bendición para otros.  Son como estufas mal construidas que se devoran toda la leña para calentarse por dentro y no echan algún calor por fuera. 

Pero los que se regocijan con la alegría que Dios da son como estufas bien construidas que radian el calor por todos rumbos.  El gozo del Señor se debe ver por otros alrededor, “y el regocijo de Jerusalén se oía desde lejos.”  Así muchos que podrían haber descuidado la verdadera religión preguntaran, “¿Qué es lo que hace a esta gente tan contenta, y crea esos hogares tan tranquilos?” Así nuestro gozo se hará promoción para Dios.        

Ahora para terminar—Este gozo, esta fortaleza, están a nuestro alcance.  Recuerde lo que el pasaje dice, “y se regocijaron porque Dios les había dado gran alegría.”  Sólo Dios puede darnos este gran gozo.  Por eso está al alcance de cualquiera, porque Dios lo puede dar a uno como a otro.  Si dependiera de nuestras buenas obras o de nuestras habilidades naturales, algunos jamás podríamos alcanzarlo.  Pero si Dios es la fuente y el dador del gozo, entonces lo puede dar a mí como a ti, mi hermano, y a ti así como a otro.

¿Y cuál fue la forma en que Dios dio este gozo?  Pues primero, lo dio por medio de sus oídos atentos, “Entonces el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la asamblea de hombres y mujeres y de todos los que podían entender lo que oían.  Era el primer día del mes séptimo. Y leyó en el libro frente a la plaza que estaba delante de la puerta de las Aguas, desde el amanecer hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley.(Nehemías 8:2-3).

No solamente eran oidores, sino que estaban atentos a la Palabra de Dios.  Estuvieron de pie oyendo la Palabra de Dios toda la mañana, como seis horas, y ninguno estaba viendo la hora o distraído con otros asuntos, sino que todos estuvieron absortos en la ley de Dios.  La recibieron hasta sus almas.  El oidor atento, entonces, está en camino a ser un recipiente gozoso.

Y habiendo recibido la palabra experimentaron el poder de ella, y lloraron.  ¿Parece ese el camino al gozo?  Pues si era.  Recibieron las amenazas de la ley con todo el terror de sus almas, y permitieron que el martillo de la palabra de Dios los quebrara en pedazos, y se sometieron a las reprensiones de la instrucción de Dios.  Esa es la manera que Dios da el gozo, por Su palabra que se oye y se experimenta, Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón.” (Hebreos 4:12).

Entonces después de esto, cuando se había sentido el poder de la palaba, vemos que adoraron a Dios con devoción.  Todos inclinaron sus cabezas.  Sus posturas indicaron lo que sentían por dentro.  Adoradores que con corazón arrepentido verdaderamente adoran a Dios, nunca se quejan de los servicios fatigados — la adoración nos ayuda hacia el gozo.  El que puede inclinarse suficientemente delante del trono de Dios será elevado o elevada tan alto delante de ese trono como su corazón desee.

Y finalmente, cuando la gente entendió lo que habían devotamente escuchado, estaban ansiosos de obedecer.  Obedecieron no sólo las cosas de la ley que habían sido común desde tiempos antiguos, pero encontraron cosas que habían ignorado y olvidado.  Se dieron cuenta que habían fallado en cumplir ciertas cosas de la ley que sus líderes antiguos habían descuidado y abandonado en enseñar.  El significado de eso era que Dios lo había mandado, y ellos querían cumplirlo y celebrarlo, y en hacerlo ese gozo especial vino sobre ellos.

La obediencia es un paso muy importante hacia el gozo del cristiano.  La actitud del cristiano contento es una actitud que no se deja guiar por iglesias, credos religiosos, o ideas tradicionales.  Es una actitud que está responsable sólo a su Dios, y el único libro de ley que reconoce es la palabra de Dios, inspirada por Su Santo Espíritu.  Es una actitud que reconoce donde está mal y desea saber lo qué necesita hacer para agradar siempre al Señor, todo el tiempo al Señor, y sólo al Señor.  Es una actitud que quiere seguir al Señor plenamente.

Usted puede descansar seguro o segura que si su gozo en el Señor le guía a una obediencia practica, eso le ha hecho fuerte en la mejor manera posible, Pero a mi siervo Caleb, porque ha habido en él un espíritu distinto y me ha seguido plenamente, lo introduciré a la tierra donde entró, y su descendencia tomará posesión de ella.” (Números 14:24).

El Gozo

El gozo es la más grande paradoja en la naturaleza. 
Puede crecer en cualquier tierra, vivir bajo cualquier condición.
Simplemente desafía el ambiente.  Viene de adentro; es la
revelación de las profundidades de la vida interior así como la luz
y el calor proclaman el sol de donde irradian.  El gozo
consiste no en tener, sino de ser; no de poseer, sino de disfrutar.
Es el cálido resplandor de un corazón en paz con sí mismo.

Un mártir en la cruz puede poseer un gozo que el rey en
su trono puede envidiar.  El hombre es el creador
de su propi gozo; es la aroma de una vida vivida en armonía
con altos ideales.  Porque lo que un hombre tiene,
puede depender de otros; pero lo que es, depende de él solo.
Lo que uno obtiene en la vida es sólo adquisición;
pero lo que realiza, es crecimiento.

El gozo es el deleite del alma en la posesión de lo intangible.
El gozo es una paradoja porque puede coexistir con la
prueba, tristeza y pobreza.  Es la alegría del corazón,
alzándose superior a todas las condiciones.
El hombre puede poseer todo lo tangible en la vida y siempre
 no ser gozoso, porque el gozo es la satisfacción del alma,
no de la mente o el cuerpo.
(Apropiado del Ensayo de William George Jordan y substituido ‘Gozo’ por ‘Felicidad’)

 

Este estudio pertenece al hermano: Rodolfo Peña.

Puede escribirle: penarudy@comcast.net

 

 

 
 
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