Introducción:
La descripción que se nos
da aquí de la mujer virtuosa, es con el propósito de enseñarnos la clase
de esposa que la mujer necesita venir a ser, y al hombre, la clase de
esposa que el necesita escoger. Aquí en Proverbios se describa a la mujer
virtuosa como una mujer que se caracteriza por sus numerosas virtudes y
gracias, que están basadas en su piedad, su temor y amor a Dios. Estas
virtudes son las que hacen que la mujer virtuosa tenga esa belleza que
sobrepasa en gran manera a la de las piedras preciosas. Estima,
precioso; Vine’s. Algo de mucho precio, de mucho valor, algo maravilloso,
lleno de esplendor, algo que sobrepasa largamente a las piedras preciosas,
algo de una belleza rara, poco común. Hubo mujeres así.
(Rut 3:11, 1:16).
1. ¿Cuales son esas
virtudes?
A. Su amor por su marido y
por sus hijos; ese amor que se demuestra con hechos, con devoción, y con
la disposición de ocupar en el hogar, el lugar que Dios le asignó. Para
allí amar, atender, cuidar a su marido y a sus hijos.
(Prov. 31:12, 21; Tito 2:3-5; 1. Tim.
5:14; Prov. 14:1, 12:4).
B. Su actividad doméstica;
por la manera en que se conduce en el hogar, debe ser una que beneficie a
su familia. El hombre trae a casa los alimentos, su paga y confía en que
su esposa lo distribuirá de una manera sabia haciendo lo mejor que pueda,
confía que ordenará y cuidará su casa también. (Prov. 31:13-15,
17-19, 22, 27; 2. Tesa. 3:7-12; 1. Tesa. 4:11-12; Tito 2:5).
C. Su conducta casta y
respetuosa, por la confianza que ha logrado de su marido y por la buena
reputación que, por su conducta ha llegado a tener para ella y que se
reflejará en su marido, en sus hijos y en su hogar.
(Prov. 31:11, 23, 25; 1. Ped. 3:1-6; Prov.
7:10--19; 1. Sam.
2:24).
D. Por su amor y compasión
para con el pobre, por pensar, por acordarse del pobre, por ser una buena
vecina, por ser bondadosa y misericordiosa. No como aquel rico que no vio
por Lázaro cuando estaba echado a su puerta. (Prov. 31:20, 19:17,
22:9, 14:21; Sal. 41:1; Mateo 25:40).
E. Por su modo de hablar,
lo hizo con sabiduría, con prudencia, con entendimiento. La ley de
clemencia está en su boca; Clemencia, virtud que consiste en perdonar, en
no guardar rencor.
(Prov. 31:26, 8:6-9; Efe.
4:29, 31-32; Col. 4:6; 1. Tim. 5:13; Col. 3:12-13).
2. Ella será grandemente
recompensada.
A. Por sus hijos, al darle
amor, siendo obedientes, en tenerle un profundo respeto y al darle el
lugar que ella se merece en su casa. Es la reina. (Prov. 31:28; Efe.
6:2; Col. 3:20; 1. Tim. 5:4).
B. También por su marido,
al apreciar todo lo que usted hace por el y por sus hijos, no siendo
indiferente, al darle honor viviendo con usted sabiamente y amándola así
como Cristo ama a su iglesia. (Prov. 31:28, 5:15-19; Efe. 5:25;1.
Ped. 3:7; 1. Tesa. 4:3-5; Heb. 13:4; Prov. 6:32-33).
C. Nuestro Dios también la
dará su recompensa, haciéndole saber cuanta estima tiene ante sus ojos una
mujer así, una mujer con estas virtudes, con estas gracias, nada será en
vano para Dios. Es una mujer dichosa.
(Prov. 31:29-31, 19:14, 11:16, 30, 10:7,
12:8; Sal. 128:3; 1. Ped. 3:4).
Conclusión:
Dijo el Señor; "El
que halla esposa halla el bien, Y alcanza la benevolencia de Jehová." (Prov.
18:22). El plan de Dios al darnos una esposa, el propósito era
darnos una grande bendición. Una buena esposa viene a ser un regalo de
Dios para nosotros, por medio de ella alcanzaremos la benevolencia, el
favor de Dios, El Señor la diseñó para darnos toda la felicidad del mundo,
pero es necesario que esa mujer sea una mujer virtuosa, de lo contrario no
habrá esa felicidad. (Prov. 12:4, 21:9, 19, 25:24). Hermana,
¿es usted una mujer virtuosa? Entonces su estima, su valor sobrepasa en
gran manera a la de las piedras preciosas, Los rubíes, esmeraldas.
Pero si no le es, tenga
mucho cuidado puede llegar a destruir su casa, sus hijos, su esposo. Como
la carcoma; Carcoma es, un insecto que se come la madera,
representa algo grave y continuo, algo que consume la salud, las finanzas,
la felicidad y la paz. (2. Rey. 9:35-37; Prov. 12:4,
14:1).
Usted que no ha obedecido
el evangelio, ¿lo quiere hacer hoy? le invitamos. (Hech. 2:39-41,
47).
Juan
Antonio Salazar