Introducción:
Todo predicador del
evangelio, todo cristiano, tenemos la responsabilidad de ser mensajeros de
Dios y de anunciar que Dios es luz. La luz en las escrituras es símbolo de
pureza, de verdad, de conocimiento, de prosperidad y de felicidad,
las tinieblas representan todo lo contrario. El apóstol Juan exhorta a
todo cristiano, a que caminemos delante de los ojos de Dios con una
plena confianza, y en una perfecta armonía, comprometer nuestros motivos,
nuestras aspiraciones y nuestras acciones donde nuestra meta es la de
agradar a Dios. (Hechos 20:24). Juan nos exhorta a que no
nos engañemos a nosotros mismos, a que no mintamos, a que practiquemos la
verdad.
¿CUANDO NO LO HACEMOS?
A. Cuando andamos en
tinieblas; (1 Juan 1:6). Si nosotros profesamos ser
santos, ser de Dios, ser cristianos, pero nuestro modo de vivir y nuestra
conducta enseñan todo lo contrario. Esto significa que nosotros andamos en
tinieblas, que mentimos y no estamos practicando la verdad.
(Rom. 13:12-14; Efe.
5:8-12, 15-17; Tito 2:11-13, 1:15-16).
B. Cuando decimos que no
tenemos pecado; (1 Juan 1:8-10). El apóstol implica que
en la naturaleza del evangelio, todos somos pecadores y que todo aquel que
pretenda que no lo es, está negando esta gran verdad. Existen muchos que
hacen el intento de justificar su conducta, que con sus acciones enseñan
que no necesitan al salvador. Dice el Señor en su palabra que nosotros, de
una u otra manera nos hacemos transgresores de su ley, al hacerlo
venimos a ser pecadores y por lo tanto necesitamos la sangre de Cristo,
para que sean borradas todas nuestras iniquidades.
(1. Juan 3:8; Eclesiastés
7:20, 29; Romanos 3:9, 23; 1. Juan 2:1).
C. Cuando no guardamos sus
mandamientos; (1 Juan 2:3-5). En el Nuevo Testamento la
palabra conocimiento, o conocer a Dios indica una relación entre la
persona que conoce y el objeto conocido. Entre Dios y el verdadero
cristiano, existe una profunda e íntima relación que vino como
consecuencia del trabajo del Espíritu Santo, por medio del evangelio y
nuestra aceptación de Cristo. (Juan 17:1-3). El conocer a
Dios, implica la seguridad, el estar convencidos, no solo de que Dios
existe, y de que es el todopoderoso, el soberano y de que es perfecto.
Sino de que Dios es digo de nuestro amor, reverencia, obediencia, honor,
gratitud y el mas supremo afecto. El verdadero cristiano, motivado por
este conocimiento, guarda sus mandamientos, todas las cosas que el nos ha
mandado para que las observemos, las guardemos.
(1. Juan 5:2-3; Juan 14:15,
23-24; Mateo 28:19-20; Hechos 2:42, 47).
D. Cuando odiamos a
nuestro hermano; (1 Jn. 4:20-21). Ningún cristiano puede
tener un verdadero amor a Dios a menos que ame a sus hermanos. El que dice
una cosa y con sus hechos enseña lo contrario, con esa inconsistencia
contradice lo que profesa para con Dios. Yo no puedo amar a Dios y odiar a
mi hermano, que es un hijo de Dios, yo no puedo amar a mi hermano y odiar
a sus hijo, al hacerlo yo odio a Dios. (1. Juan 3:10-11, 14-18;
4:7-12; Juan 13:34-35).
Conclusión:
1. Es la voluntad de Dios
que no mintamos, que no nos engañemos a nosotros mismos sino al contrario,
que andemos en luz viviendo una vida de pureza, de santidad. Dios quiere
que vivamos de acuerdo a la verdad, abrazándola y oponiéndonos, luchando,
exponiendo el error. Que nos regocijemos gozando de todas las bendiciones
de la religión que profesamos, que es luz, paz, pureza y gozo.
2. Es la voluntad de Dios
que nosotros aceptemos, reconozcamos y confesemos nuestras faltas; (Prov.
28:13; Sant. 5:5:16).
3. Que
guardemos todos sus mandamientos, el Señor nos dio su palabra para
bendecirnos pero tenemos que guardarla, observarla. (Deut.
10:12-13).
4. Y que entendamos que no
podemos odiar a nuestro hermano y amar a Dios, recordemos que Dios es amor.
(1 Juan 4:7-11).
5. ¿Estamos haciendo su
voluntad? ¿Acaso estamos mintiendo y fallando en vivir de acuerdo a la
verdad?. El verdadero hijo de Dios conoce el poder de Dios porque lo ha
probado, su sabiduría porque nos está guiando, su amor porque lo estamos
disfrutando y su verdad, porque lo hemos hallado fiel. ¿Como estamos
delante de los ojos de Dios? Si no ha obedecido a Dios, lo invitamos a que
lo haga, y si se ha extraviado a que regrese. (Isaías 1:18).
Juan Antonio Salazar