Con el orgullo, la
envidia y la ira vimos como el amor propio nos puede condenar.
Ahora veremos otra clase de pecado – la falta de amor. La
benignidad se puede resumir como una conciencia de la necesidad
de amar, la voluntad de responder a esa conciencia, y la
disposición y la capacidad de manifestar ese amor en una
respuesta. Desde muchos ángulos la benignidad y el amor son una
misma cosa.
Muchos de nosotros
no nos vemos, ni otros nos ven como gente mala. Somos gente
ordinaria buena: tenemos nuestras faltas, pero no deseamos el
mal para ninguno. Por ninguna extensión de la imaginación
podíamos ser vistos como gente malvada. Nuestro estado
ordinario es aparente por nuestra carencia (pero no carencia
total) de amar.
La pereza ordinaria
es una falta pasiva o negligente de amar. Gente ordinariamente
perezosa tal vez no levanten un dedo para extenderse a menos que
sean obligados hacerlo. Su condición es una manifestación de
falta de amor; todavía así, no son malvados.
La gente
verdaderamente mala activamente en lugar de pasivamente
evitan extenderse. Estos toman cualquier acción en su poder
para proteger su propia pereza, para preservar la integridad de
su existencia enferma. Gente ordinariamente perezosa, al otro
lado, solamente son muy pasivos, fallan en actuar. Eso lo hace
un pecado de negligencia y abandono.
Toda pereza es el
aborrecimiento hacia la actividad o el trabajo, y es sinónimo
con la ociosidad, flojera,
indolencia, indiferencia y apatía. Hay muchos de
nosotros que sufrimos de esta enfermedad espiritual, algunos más
que otros, pero no lo reconocemos como pecado. Yo se que
algunos resistirán la idea que este es un pecado espiritual,
pero veremos lo que la pereza verdaderamente es.
Simplemente dicho,
la pereza es el fallo o el rechazo de ejercer el amor. La
persona perezosa odia trabajar porque no tiene ambición, y la
ambición es deseo, anhelo, aspiración, empeño, energía o apetito
– todos derivativos del amor.
El amor es la causa
principal de toda actividad en el universo. El amor al dinero
motiva al mundo entero, también como el amor a las cosas
materiales. El amor de una mujer motiva al hombre a hacer
grandes obras, racionales e irracionales; las mujeres son
igualmente motivadas. El amor a la ciencia nos mueve ha
estudiar y ha aprender. Es el amor que nos motiva ha cuidar y
proveer por nuestros hijos; y también motiva a los hijos ser
obedientes a sus padres. Todo lo que es hecho sobre la faz de
la tierra es hecho por amor a algo, sea amor obsesionado o amor
puro. Todos nosotros tenemos amor a ciertas cosas que nos
motiva ha ser activos, y ha trabajar para obtener nuestras
aspiraciones.
El amor es el
propulsor de energía que produce los actos de sacrificio. Es el
amor que produce las obras que son penosas a si; actos que
causan la incomodidad y el sufrimiento,
“Porque de tal manera amó Dios al
mundo, que dio a su Hijo unigénito...”
(Juan 3:16). Y el amor produce el amor,
“Nosotros amamos, porque El nos amó
primero.”
(1 Juan 4:19).
Si no habría amor
en el mundo, entonces no habría actividad; no habría algún nuevo
invento, ninguna hazaña grande; no habría el cumplimiento de los
deberes, ningún acto de caridad, ningún desarrollo de la
humanidad, el mundo dejaría de girar, la llama del sol se
extinguiera, y las estrellas perderían su brillo, si no habría
amor.
Por amor, se entregaron los hombres en la faz de la tierra.
Por amor, a quien halla querido regalar una estrella.
Por amor, fue una vez al calvario con una cruz supuesta,
Aquel, que también por amor entrego el alma entera.
Por amor, se confunden las aguas y las fuentes se besan,
y en las alas de las mariposas, los colores se crean.
Por amor, ha existido en el mundo siempre tanta belleza,
y el color de la naturaleza se pinta por amor…
(Agustín Lara)
El amor es la
energía dinámica y el muelle principal de toda la actividad que
es producida en el universo. Por consiguiente, la raíz del
pecado de la pereza no es tanto la falta de ambición, ni mucho
menos el gusto de la comodidad, pero más bien la falta del
amor. Esto es lo que la Deidad no puede tolerar, porque Dios es
amor.
No quiero decir que
la persona perezosa no tiene amor en absoluto, pero que está
deficiente; no posee el amor en suficiente grado para proceder,
“El alma del perezoso desea, pero
nada consigue, mas el alma de los diligentes queda satisfecha.”
(Proverbios 13:4). Toda persona perezosa desea tener lo que
otros tienen, pero no posee suficiente “ganas”
para ejercer el esfuerzo necesario para realizar su deseo.
No hay padre ni
madre viviendo que no “quiera” lo mejor para sus hijos e hijas.
Pero por la pereza muchos padres no hacen lo suficiente para
proveer lo que proporcionaría lo mejor para sus hijos e hijas.
Todos nosotros “codiciamos” la educación que nos garantizaría
un trabajo seguro y la prosperidad, pero por la pereza no
tenemos la voluntad de soportar el sacrificio, ni pagar el costo
de tal educación. Muchos cristianos “desean” poseer el
conocimiento de las Santas Escrituras tan bien como lo mejores
maestros, y de poseer el poder del Espíritu Santo como los
grandes siervos de Dios, sin embargo, por la pereza fallan en
hacer lo que es requerido para crecer espiritualmente.
Se ha dicho que no
hay absolutamente nada que el hombre no pueda hacer, si está
dispuesto ha pagar el precio. Y esa es la clave – hay un precio
que pagar. Dios no escatimo a Su propio Hijo, y Jesucristo dio
su propia vida para salvarnos; de otra manera nuestra salvación
hubiera sido imposible. El amor produce obras extraordinarias.
Igualmente, cuando
nosotros ejercemos suficiente amor hacia una meta, y estamos
dispuestos ha pagar el precio requerido, entonces no hay nada en
este mundo que no podamos realizar. Pero para el perezoso todo
es imposible porque no posee suficiente amor para pagar
cualquier precio. Y Dios no puede depender de gente perezosa
para el trabajo que Él requiere en el Reino del Cielo.
La pereza nos
rebaja a un nivel más bajo que Satanás y sus demonios, porque
ellos no descansan:
“Sed
sobrios, estad alerta. Vuestro adversario, el diablo, anda
alrededor como león rugiente, buscando a quien devorar.”
(1 Pedro 5:8), y también,
“Y
no es maravilla, porque el mismo Satanás se transfigura en ángel
de luz. Así que, no es mucho si también sus ministros se
transfiguran como ministros de justicia...”
(2 Corintios 11:14-15).
Ellos aunque sea,
tienen suficiente amor para su objetivo depravado que están
dispuestos ha sacrificar todo y no descansar hasta que se cumpla
la subyugación total de la humanidad. Ellos están activos día y
noche plantando la semilla de la discordia.
Mire alrededor de
usted, y fíjese que tiene más propagación en nuestra sociedad –
programas de televisión, noticias, la
política, revistas, música, e incluso algunos llamados programas
religiosos – y en todo vera a Satanás y sus ministros, siempre
teniendo influencia, constantemente estableciendo el dominio,
siempre torciendo la verdad, incesantemente engañando al mundo.
Pero los cristianos
inactivos e indiferentes, en contraste, están siempre buscando
la comodidad y la conveniencia, queriendo descansar sin haber
trabajado, deseando cosechar sin haber plantado, codiciando la
ganancia sin haber invertido, anhelando la gloria sin haber
sacrificado nada.
La pereza tiene a
muchos de nosotros estancados en trivialidades y pequeñeces,
nunca creciendo más allá de la instrucción básica; nunca dejando
las enseñanzas rudimentarias de la doctrina de Cristo; siempre
aprendiendo y nunca llegando al conocimiento de la verdad; sin
suficiente amor para el reino de Dios y Su justicia para
disciplinarnos ha estudiar, sin que alguien lo haga por
nosotros.
La pereza nos
obliga ha tratar de racionalizar todas las cosas – producir
razones plausibles para explicarnos a nosotros mismos o a otros
un comportamiento impropio – sólo para justificar nuestra falta
de actividad:
-
“Hay otros que
son más capaz que yo haciendo la obra”
-
“Yo no tengo la
educación para entender las cosas tan afondo”
-
“Yo tengo muchas
obligaciones y dificultades que otros no tienen”
Y así van las
racionalizaciones.
No hay otra persona
que inventa las excusas mejor que los perezosos,
“El
perezoso dice: Hay un león afuera; seré muerto en las calles.”
(Proverbios 22:13),
“Desde
el otoño, el perezoso no ara, pide en la cosecha, y no hay nada.”
(Proverbios 20:4).
Por mientras la
iglesia permanece inmadura en algunas áreas y estancada en
división en otras. Nuestros hijos se están yendo al diablo,
literalmente, por las drogas, influencias inmorales y
simplemente el abandono. Gente está sufriendo cada día del
hambre, la destitución, el desempleo, sin el conocimiento de
Dios y la salvación de Jesucristo.
En algunas áreas
los predicadores tienen que depender de otras congregaciones
para que los soporten porque la iglesia local no tiene
suficiente amor para proveer por ellos. Y así va la lista de
resultados infructuosos que la apatía ha creado. ¡La
indiferencia! ¡Que Dios nos libre de este pecado mortífero!
Elie Wiesel, un
escritor Judío, profesor, activista político, ganador del Premio
Nóbel y sobreviviente del Holocausto, dijo de la apatía,
“Lo opuesto del amor no es el odio, es la indiferencia. Lo
opuesto del arte no es la fealdad, es la indiferencia. Lo
opuesto de la fe no es la herejía, es la indiferencia. Y lo
opuesto de la vida no es la muerte, es la
indiferencia...permanecer silencio e indiferente es el pecado
más grande de todos...”
Jesucristo mismo
nos advirtió contra esta malignidad,
“Pero
llegando también el que había recibido un talento, dijo: ‘Señor,
yo sabía que eres un hombre duro, que siegas donde no sembraste
y recoges donde no esparciste, y tuve miedo, y fui y escondí tu
talento en la tierra; mira, aquí tienes lo que es tuyo.’ Pero
su señor respondió, y le dijo: ‘Siervo
malo y perezoso,
sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no
esparcí. Debías entonces haber puesto mi dinero en el banco, y
al llegar yo hubiera recibido mi dinero con intereses.’ Por
tanto, quitadle el talento y dádselo al que tiene los diez
talentos. Porque a todo el que tiene, más se le dará, y tendrá
en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le
quitará. Y al siervo inútil, echadlo en las tinieblas de
afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes.”
(Mateo 25:24-30).
En el Antiguo
Testamento leemos estas palabras dichas por Abner, jefe del
ejercito de Saúl,
“Abner
consultó con los ancianos de Israel, diciendo: Hace tiempo que
buscabais a David para que fuera rey sobre vosotros. Ahora
pues, hacedlo. Porque el SEÑOR ha hablado acerca de David,
diciendo: “Por mano de mi siervo David salvaré a mi pueblo
Israel de mano de los filisteos y de mano de todos sus
enemigos.”
(2 Samuel 3:17-18).
Ahora si tomamos
estas mismas palabras y las adaptamos a Cristo Jesús y la
iglesia, porque David actualmente era el tipo terrenal de
Cristo, y la nación de Israel era la sombra de la iglesia,
entonces tenemos una apelación para nosotros hoy en día,
“Hace
tiempo que buscabais a Cristo
para que fuera rey sobre vosotros.
Ahora pues, hacedlo. Porque el SEÑOR ha hablado acerca
de Cristo, diciendo: “Por mano
de mi Hijo Jesús salvaré a mi
Iglesia de mano de
Satanás y de mano de todos sus
enemigos.”
Todos venimos a
Cristo buscando ser salvos y confesamos delante de muchos
testigos nuestra fe en el Hijo de Dios. Nos comprometimos ha
ser fieles a Él como nuestro Señor y Rey. “¡Ahora pues,
hacedlo!” Es tiempo de ir más allá de simple deseo y
adquirir a algo práctico.
Seamos amonestados
por las palabras de Abner, “¡Ahora pues, hagan algo!” Si
vale la pena desearlo vale la pena llevarlo a cabo. Hay sólo
las mejores razones porque hacerlo. Porque Cristo puso su vida
por nosotros y agonizo en la cruz para redimirnos. Él es el Rey
asignado por Dios, ungido por el Espíritu Santo, el único por
quien Dios nos salvara de nuestros enemigos espirituales. Es
tiempo para acción decidida, “Hace tiempo que buscabas a Cristo
para que fuera rey sobre vosotros, ahora pues, hacedlo.”
Ya no permanezca
parado o parada pensando, indagando, vacilando, oscilando, sino
ahora pues hacedlo. Haga una cosa o la otra: Si
Dios es Dios servidle a Él; si Baal es dios servidle a él. No
se siente para siempre en esta condición absurda de creer que
una cosa está correcta y todavía así la descuida, de sentir que
está en peligro y no buscar la manera por la cual usted admite
que es segura y propia.
El punto principal
es que estamos endeudados a hacerlo, verdaderamente y al momento
para hacer a Cristo Jesús Rey. Y para este fin debemos creer en
Él o confiar en Él. Es esta confianza en Cristo Jesús que es el
punto esencial, porque de esta fe surge el amor y la obediencia
que renuncia todo camino falso.
Cuando una persona
enteramente y honestamente confía en Cristo Jesús, con toda su
alma, es habilitado desde ese momento en adelante ha odiar el
pecado que antes amaba, y así gana el dominio sobre él.
Entonces halla gozo en someterse al reinado santo de Jesucristo
porque ya ha puesto su fe en Él, y profundamente anhela por Su
venida. Pero, ¡gente miserable que somos! Porque esa es la
raíz del problema para muchos de nosotros, no creemos con todo
nuestro corazón, ni tenemos un amor sincero por Su venida.
Despreciamos o nos
hemos hecho olvidadizos del sacrificio que Cristo hizo por
nosotros. Muchos hemos tomado la gracia de Dios por hecho, y
nos hemos hecho ingratos. ¿Cuántas veces hemos oído de esto
desde el pulpito? ¿Cuántas veces hemos deseado y resuelto y
todo eso?
Ya basta pues, con
esfuerzos inútiles. Hagamos una decisión por lo que creemos.
¡Ahora pues hacedlo! Afuera con todos nuestros deseos, afuera
con todos nuestros “peros,” ahora pues, hágalo, hágalo, hágalo
hoy. Todas las excusas son nada más que un atento de evitar el
punto esencial. Toda excusa es hallada faltando cuando somos
confrontados con el asunto verdadero – Jesucristo murió en la
cruz para salvarnos.
¿Lo creemos?
¿Tenemos la confianza que él posee el poder de librarnos de todo
pecado que nos seduce? ¿Queremos aprovechar la gracia de Dios?
¡Ahora pues hágalo! No hay substitución para la obediencia, no
hay otro remedio que la actividad, no hay nada que se puede
hacer sin “hacedores” que lo hagan:
“no
seáis perezosos en lo que requiere diligencia; fervientes en
espíritu, sirviendo al Señor.”
(Romanos l2:11).
Hagamos, pues,
nuestro amor por la verdad evidente y hagamos algo para la causa
de Cristo:
“Hijos,
no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.”(l
Juan 3:18). Seamos recordados de las palabras que el ángel del
Señor escribió a la iglesia de Efeso:
“Pero
tengo esto contra ti: que has dejado tu primer amor. Recuerda,
por tanto, de dónde has caído y arrepiéntete, y haz las obras
que hiciste al principio; si no, vendré a ti y quitaré tu
candelabro de su lugar, si no te arrepientes.”
(Apocalipsis 2:4-5).
El amor al cual se
refiere aquí es aquel fervor que los cristianos exhiben cuando
primero se convierten a la Palabra; ese espíritu dinámico que
nos motivo ha obedecer el evangelio, que causo el “deseo” por
“la
leche pura de la palabra”
que naciera en
nuestros corazones; como
“niños
recién nacidos”
buscando el pecho de su madre, o la botella de leche.
La actividad es muy
esencial para el crecimiento, en verdad para la vida misma,
porque sin movimiento no hay vida. Cuidémonos de no ser
hallados como la tierra que recibe la lluvia en vano, que
produce espinos y abrojos, sino hagámonos como la tierra que
produce vegetación útil para el crecimiento,
“Porque
Dios no es injusto que se olvide de vuestra obra y el trabajo de
amor que habéis mostrado en su nombre, habiendo ayudado a los
santos y ayudándoles. Pero deseamos que cada uno de vosotros
muestre la misma solicitud hasta el fin para cumplimiento de su
esperanza, que no os hagáis perezosos,
sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan
las promesas.”
(Hebreos 6:10-12).
“Levantaos, subamos contra ellos; porque nosotros hemos
explorado la región, y hemos visto que es muy buena: ¿y vosotros
haréis nada? no seáis perezosos en poneros en marcha para ir á
poseer la tierra.”
(Jueces
18:9)
“Yo he nombrado el destructor de las naciones: la comodidad, la
abundancia, y la seguridad – de cuales nace un cinismo aburrido
y perezoso, en que la rebelión contra el mundo como es… está
sumergida en una autosatisfacción apática”
(John Steinbeck)
“La pereza es una entrada al desorden, y hace camino para el
libertinaje. Gente sin nada que hacer pronto se cansan de su
propia compañía.”
(Jeremy
Collier)
“Tan fijos están nuestros espíritus en la pereza y en la
indiferencia fría que raramente vencemos tanto como un habito
malo.”
(Thomas
a Kempis).