CONSEJO PARA LOS QUE RECHAZAN A CRISTO

Salmos 2

 

 

 

 
 

 

INTRODUCCIÓN:

A.     Algunas expresiones escritas en los salmos parecen referirse a David de una forma incompleta y secundaria, pero cuyo evidente propósito divino fue el referirse al Hijo Ungido.

B.     Por lo tanto, debemos comprender que este salmo es netamente dirigido al Salvador, en donde tenemos a Cristo rechazado por judíos y gentiles, pero establecido como Rey en Sión y declarado Hijo de Dios, teniendo la tierra como posesión suya y juzgando a sus enemigos las naciones.

 

I. LA NACIONES SE SUBLEVAN CONTRA CRISTO. (VV. 1-3)

A.     La pregunta es ¿Por qué se sublevan y traman contra Cristo? El Padre y Cristo solo los amaban y querían su bienestar espiritual. Juan 5:15-18; 3:16; 10:30-33. esta profecía se cumplió en la persona de Cristo Hch 4:25-28.

B.     Todos estos gobernadores tramaron unidos cosas vanas en contra del Ungido de Dios. Pero recordemos que nada les sirvió, ya que el Ungido resucitó al tercer día.

C.     El Rey David se pregunta ¿Por qué? Si el Padre y su Cristo solo querían mostrar su amor.

 

II. ESTA SUBLEVACIÓN DESPIERTA LA IRA DE DIOS. (VV. 4,5)

A.     Vemos como el Señor se ríe contra de los que están tramando cosas vanas, Salmos 37:12,13; 59:1-8.

B.     El Padre celestial se ríe, pero no una risa de alegría sino de deprecio y burla. Los gobernantes y los pueblos querían impedir que la voluntad de Dios se cumpla.

1.       Dios se burla y ríe de los que rechazan a su Hijo, les habla con su ira y su furor.

2.       La realidad es que si rechazamos al Hijo y pecamos contra él nuestra condición es tenebrosa y horrenda, Hebreos 10:30,31.

C.     La verdad es que todo el que rechaza al Padre celestial y a su Hijo, sin lugar a duda recibirá castigo.

 

III. SIEMPRE LA VOLUNTAD DE DIOS SE CUMPLE. (VV. 6,7)

A.     Finalmente Dios establece a su Hijo como Rey y Señor sobre Sión su santo monte. Estos trataron de impedir por todos los medios los gobernantes y las naciones. Hechos 2:36; Mateo 28:18. Otra cosa que no creyeron los gobernantes y también trataron de impedir es que Cristo es el Hijo de Dios. Juan 5:17,18; 10:30,33. Pero Dios confirma que Cristo verdaderamente es su Hijo. Romanos 1:3,4; Hebreos 1:5-13.

1.       Aunque los gobernantes y las naciones se sublevaran contra Dios y contra Cristo, porque ellos no creían que Cristo era el Rey de Reyes y el Hijo de Dios. Dios le muestra que lo que pretendía Cristo era verdad, el es verdaderamente el Hijo de Dios y el Rey de Reyes.

 

IV. CRISTO LA MÁXIMA AUTORIDAD. (VV. 8,9)

A.     Dios le dio por herencia para regir a las naciones y los confines de la tierra (Mateo 28:18). Él tiene autoridad no solo en la tierra sino también en el cielo.

1.       Notemos el poder del reinado del Salvador en estos versículos: figura como “Vara de hierro” son muy nombrada en A. T.  Para denotar el poder con que regiría la tierra el Salvador. Esta misma expresión aparece en Apoc. 12:5; 19:15, símbolo que denota control absoluto sobre el enemigo (véase Isaías 11:4).

2.       Otros de los simbolismos aquí señalados es el “vaso de alfarero”. Estas vasijas son sumamente frágiles. Así es como el Señor someterá a sus enemigos; los desmenuzara como vasija de alfarero (Isaías 30:14).

 

V. CONSEJO FINAL DE DIOS. (VV. 10-12)

A.     Dios finalmente aconseja a ser prudentes y admitir amonestación.

B.     Este consejo de Dios; que se obre con moderación y sensatez para evitar algo que nos pueda dañar, o sea, no rechazar a Cristo ni ser indiferentes, sino obedecer y meditar en su palabra para poder hacer lo que el manda. También debemos admitir que cuando pecamos nos revelamos contra él.

C.     También Dios nos aconseja a servir a Jehová con temor, y alegraos con temblor (vv. 11)

D.     ¿Cómo vamos a servir de esta manera a Dios? Honrando a su Hijo (vv. 12)

 

CONCLUSIÓN:

A.     Nosotros también al igual que los gobernantes y las naciones, podemos revelarnos contra Cristo.

B.     Honremos al Hijo, obedeciéndole y comprometiéndonos con él. “Confiemos en él y seremos bienaventurado”.

 Adaptado por: Manuel López.

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