¿Qué tan bien conoce usted las siguientes personas y organizaciones: Jack Tinker y Socios; Doyle y Bernbach; BBDO; Foote, Cone y Belding; J.Walter Thompson? Si usted no sabe, ellos están satisfechos. Estas son agencias de publicidad, y agencias de publicidad no existen para hacer un nombre para sí mismos, sino existen para hacer un nombre para otros.
Aunque tal vez no esté familiarizado con las empresas, probablemente si está con el trabajo de ellas. Por ejemplo, “Plop, plop, fizz, ah, qué alivio es.”—fue el lema de Jack Tinker y Socios para la compañía Alka-Seltzer (1976). Y “nos esforzamos más”—es el signo de Doyle y Bernbach para la agencia Avis Carros de Renta (1962).
También, “M’m! M’m! Qué bueno! M’m! M’m! Qué bueno!”— el anuncio prducido por BBDO para la empresa de Sopas Campbell desde 1935. Luego, “Cuanto te importa bastante para enviar lo mejor”— es la expresión de Foote, Cone y Belding para Hallmark, la corporación de tarjetas (1934). Y mi favorita, “Snap! Crackle! Pop!”— era la signatura de J.Walter Thompson para la compañía de cereal Kellogg Rice Krispies.
Nosotros podemos aprender una leccion de estas empresas.
En el pasaje en 1 Pedro 2:9 dice que somos, “pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas.” En otras palabras, nosotros existimos para promover a Dios. Dios nos llamo de las tinieblas y nos hizo “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa” para el propósito de que hagamos promoción de Él en el mundo.
Lo que las agencias de publicidad hacen para sus clientes, nosotros existimos para hacer para Cristo. En 2 Corintios 3:18, el apóstol Pablo dijo, “Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.” El propósito de Dios es que nosotros seamos transformados en la imagen de Cristo para que el mundo pueda ver Su gloria en nosotros.
El reflejo de Cristo en nosotros debe anunciar al mundo Su gloria para que conozcan al Dios verdadero que los ama y quiere que sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad, “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad.” (1 Timoteo 2:3, 4). Como la agencia de publicidad del cielo, nuestra tarea es promocionar a Dios en cada área de la vida, incluyendo en el éxito.
Esta fue la advertencia que Moisés dio a los hijos de Israel, “Mas acuérdate del SEÑOR tu Dios, porque El es el que te da poder para hacer riquezas, a fin de confirmar Su pacto, el cual juró a tus padres como en este día.” (Deuteronomio 8:18).
Es muy importante entender que cualquier trabajo, sin la ayuda de Dios, es vano, “Si el SEÑOR no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el SEÑOR no guarda la ciudad, en vano vela la guardia. Es en vano que os levantéis de madrugada, que os acostéis tarde, que comáis el pan de afanosa labor, pues El da a su amado aun mientras duerme.” (Salmos 127:1-2). Es Dios que nos da el éxito en todas las cosas.
El rey David entendía este principio muy bien, y por eso era tan exitoso en todo lo que hacía, “Bendito sea el SEÑOR, mi roca, que adiestra mis manos para la guerra, y mis dedos para la batalla.” (Salmos 144:1). Como David, nosotros también debemos dar la promoción a Dios y no a nosotros mismos.
Necesitamos reconocer que es la bendición de Dios que enriquece, “La bendición del SEÑOR es la que enriquece, y El no añade tristeza con ella.” (Proverbios 10:22).
Este fue el error del pueblo antiguo de Dios – se olvidaron de Quien venía su ayuda. Ellos fallaron en ver que era Dios el que estaba trabajando detrás de la escena visible, “Ella no reconoció que Yo era quien le daba el trigo, el vino y el aceite, quien multiplicaba la plata y el oro que ofrecían a Baal.” (Oseas 2:8).
Es indiscutible que el éxito viene de Dios, como dijo Moisés a los Israelitas, “porque El es el que te da poder para hacer riquezas” Pero, ¿con que propósito? ¿Por qué da Dios las riquezas a ciertos individuos? ¿Por qué les dio el éxito a los Israelitas? ¿Lo hizo porque eran especial, o superior a otros? No, en el caso de los Israelitas, Moisés les dijo, “a fin de confirmar Su pacto,” el cual había jurado a los padres de ellos. Ese fue el pacto que Dios hizo con Abraham.
Dios no lo hizo por ellos, sino para establecer o hacer conocido Su fidelidad. La palabra confirmar quiere decir establecer, comprobar, demostrar, verificar. Dios hizo una promesa a Abraham y quería que el mundo viera que Él era fiel a Su palabra. Dios dio el éxito con el propósito de publicar Su reputación, para hacer evidente Su pacto con ellos, y no porque ellos eran nada especial.
Dios bendijo a Israel con el fin de que fueran una cartelera anunciadora a Su fidelidad. Cuando los extranjeros veían las plantaciones fructíferas de la Tierra Prometida, Dios no quería que pensaran en el agricultor, pero en el Hacedor del agricultor. El éxito de los Israelitas anunciaba a Dios.
Siempre ha sido la voluntad de Dios que todos los seres humanos le conozcan y se acerquen a Él. Con ese fin estableció el pueblo judío, para que Cristo naciera en el mundo y traerá el conocimiento de Dios a todos los seres humanos. Dios ha hecho todo con ese propósito.
Y nada ha cambiado. Dios le permite a usted a sobresalir para que anuncie Sus excelencias – para que Su nombre se haga conocido. Y usted puede estar seguro o segura de una cosa – Dios le hará bueno en algo, como dijo David, “adiestra mis manos para la guerra, y mis dedos para la batalla.” Este es el principio de Dios, “La recompensa de la humildad y el temor del SEÑOR son la riqueza, el honor y la vida.” (Proverbios 22:4).
Una vida piadosa a menudo lleva al éxito. Considere a un trabajador de construcción. Imagínese un individuo rebelde y entregado a la borrachera. Antes que conozca a Cristo, no es buen empleado – crudas frecuentes, llega tarde, no es confiable, se va antes de tiempo en los viernes – lo hace todo. Y paga las consecuencias – facturas vencidas, deudas de fianzas, un resumen de trabajo que lee como ficha de criminal.
Pero luego Cristo entra en su vida. Dios no sólo salva su alma, pero también endereza los hábitos de trabajo del individuo – llega temprano a trabajar, hace su trabajo completo, deja de quejarse y comienza a darse voluntariamente. Todo se mejora – su actitud, su productividad, su cooperación. ¿Y quién cree que lo nota? Su jefe. Y frecuentemente con esto vienen las promociones, aumento de sueldo, más responsabilidad – en corto, el éxito.
Pero con el éxito viene un problema. Por ejemplo, sabe usted quienes son Nadab, Ela, y Omri? ¿Y que de Acab, Ocozías o Joram? Estos hombres pudieran decirle los problemas que vienen con el éxito. Quizá usted jamás había oído de ellos. Y ese es exactamente mi punto. Estos son hombres que debemos conocer – eran reyes de Israel. Ellos fueron suficiente exitosos para ascender al trono.
Pero algo del trono los derrumbo al suelo. Estos hombres no supieron cómo conducirse en el puesto de prestigio. Sus legados están manchados con el derrame de sangre y el culto de ídolos. Fallaron en el éxito. Se olvidaron de la fuente y el propósito de su éxito. El rey Nadab simbolizada a todos ellos, “E hizo lo malo ante los ojos del SEÑOR, y anduvo en el camino de su padre y en el pecado con que hizo pecar a Israel.” (1 Reyes 15:26).
Obviamente, a usted no se le ofrecerá un trono o un reino. Pero es posible que se le ofrezca una oficina de preeminencia, una beca, un homenaje, un contrato nuevo, o un aumento de sueldo. O tal vez se le dé una casa o empleados o estudiantes bajo su cargo o dinero o recursos. Usted, en un grado u otro, tendrá éxito.
Y cuando eso suceda, usted también podría tener la tentación de olvidar Quien le ayudo a realizarlo. El éxito degenera la memoria de los exitosos. Los reyes de la montaña a menudo olvidan quien los llevo por los tiempos duros y quien los auxilio por el sendero.
Nosotros no somos diferentes. Cuando leemos la historia de Israel a menudo pensamos porque Dios soporto tanto de ellos. Pensamos, “Que gente tan terca e ingrata. ¿Por qué no los destruyo Dios y comenzó de nuevo?” Pero, ¿no hacemos lo mismo nosotros?
Algunos de nosotros estuvimos en la escuela y necesitábamos ayuda, económica u otra forma, y orábamos fervientemente. Y logramos por los tiempos difíciles, y excedimos en una carrera, en una forma u otra tuvimos éxito, ahora estamos muy ocupadas para orar.
Otros estaban luchando como familia para hallar maneras de proveer todas las necesidades, y se apoyaban de Dios por el pan de cada día. Ahora tienen dos automóviles, y dinero en su bolsa, y no han hablado con Dios por mucho tiempo. Cuando una iglesia local está comenzando, los miembros pasan mucho tiempo en oración. Pero cuando la iglesia es grande, bien atendida, bien financiada, ¿para qué orar?
El éxito, por todas las edades, causa la perdida de la memoria. Es muy fácil pensar que no debemos el éxito a nadie más que a nosotros mismos. Pero no debe ser así, debemos reconocer a nuestro Benefactor. Si sólo podemos entender cuál es el propósito de nuestro éxito, eso ayudara nuestra memoria. ¿Por qué le ayudo Dios a tener éxito? Para que anunciara Sus virtudes – para que lo hiciera conocido.
Los Israelitas fracasaron como nación porque fallaron en recordar ésta muy importante verdad: “Pues no por su espada tomaron posesión de la tierra, ni su brazo los salvó, sino Tu diestra y Tu brazo, y la luz de Tu presencia, porque Te complaciste en ellos.” (Salmos 44:3). Los judíos se hicieron grandes y poderosos como nación por la sabiduría y el poder de Dios, y no por ellos mismos. Fue la luz de la presencia de Dios que les dio el éxito.
Dios los favoreció y por eso se elevaron sobre otras naciones. Pero ellos comenzaron a creer que eran una raza superior. No dieron la gloria a Dios – fallaron en dar promoción a Dios. Hicieron promoción para sí mismos y fracasaron. No haga usted el mismo error, “Antes de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la altivez de espíritu.” (Proverbios 16:18).
¿Por qué es usted capaz en lo que hace? ¿Para su comodidad? ¿Para su jubilación? ¿Para su autoestima? No, usted debe considerar esas cosas como beneficio extra, no la razón. ¿Por qué es capacitado en lo hace? Para la gloria de Dios. Su éxito no se trata de usted o lo que usted hace. Todo se trata de Dios – Su presente y futura gloria.
El rey David entendía esto hace tres mil años atrás, “Y bendijo David al SEÑOR en presencia de toda la asamblea. Y David dijo: Bendito eres, oh SEÑOR, Dios de Israel, nuestro padre por los siglos de los siglos. Tuya es, oh SEÑOR, la grandeza y el poder y la gloria y la victoria y la majestad, en verdad, todo lo que hay en los cielos y en la tierra; Tuyo es el dominio, oh SEÑOR, y Tú te exaltas como soberano sobre todo. De Ti proceden la riqueza y el honor; Tú reinas sobre todo y en Tu mano están el poder y la fortaleza, y en Tu mano está engrandecer y fortalecer a todos. Ahora pues, Dios nuestro, Te damos gracias y alabamos Tu glorioso nombre.” (1 Crónicas 29:10-13).
El apóstol Pablo también fue uno que tuvo un éxito tremendo. El cambio de Pablo fue espectacular y esto motivó alabanzas de personas que lo vieron o lo oyeron. Pero toda la promoción de Pablo era para su Benefactor, “Y glorificaban a Dios a causa de mí.” (Gálatas 1:24). Su nueva vida sorprendió a muchos, pero por causa de su comportamiento todos glorificaron a Dios.
La vida de Pablo declaraba a todos que sólo Dios podía haber transformado a un celoso perseguidor de cristianos en un tremendo emisario para Cristo. El estilo de este campeón promovedor claramente anunciaba que su vida no podía ser menos que motivo de glorificar el nombre de Dios. El apóstol Pablo fue una cartelera anunciadora para Dios. Sólo Dios puede transformar nuestras vidas, así que la gloria sea para Él.
Tal vez no hemos experimentado una transformación tan dramática como la de Pablo, pero Cristo nos transformó en hijos de Dios y eso es espectacular, por lo tanto nuestras nuevas vidas deben propagar a Dios cada día. Para Pablo era una gran emoción decir: “Y glorificaban a Dios a causa de mí.”
Cuando otros miran a usted, ¿reconocen el cambio que Dios ha obrado en su vida? Si no, quizá no está viviendo como debiera ser. Nuestros familiares nos ven como vivimos todos los días. Nuestros amigos, compañeros de trabajo y estudio, vecinos, hermanos en Cristo saben de nuestras vidas. ¿Estamos viviendo para la promoción de Dios? ¿Puede usted decir como Pablo: las personas alaban a Dios por causa mía?
“Por el camino de la sabiduría te he conducido, por sendas de rectitud te he guiado. Cuando andes, tus pasos no serán obstruidos, y si corres, no tropezarás.” (Proverbios 4:11-12)
“Ha hecho mi boca como espada afilada, en la sombra de su mano me ha escondido; me ha hecho también como flecha escogida, en su funda me ha guardado.” (Isaías 49:2)
“Así dice el SEÑOR: No se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza; mas el que se gloríe, gloríese de esto: de que Me entiende y Me conoce, pues Yo soy el SEÑOR que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra, porque en estas cosas Me complazco—declara el SEÑOR.” (Jeremías 9:23-24)
“Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” (Mateo 5:16)
“Es al Señor que debemos cualquier éxito que hemos logrado. Hemos sido derrotados cuando hemos ido con nuestra propia fuerza, pero cuando hemos sido victoriosos siempre ha sido porque la fuerza del Señor fue puesta por nuestro rescate. Usted nunca luchó con un pecado, con una tentación, o con una duda, y triunfó, excepto por la ayuda del Espíritu. Usted nunca ganó un alma por Cristo, nunca habló una palabra valiente que refutó un error, nunca hizo una obra emprendedora que verdaderamente habló bien para el éxito del reino, sin que Dios estuviera en todo ello—prácticamente, no, actualmente capacitándole; y lo hizo de Su propia buena voluntad. Así que en cada lucha que sucede en nuestros corazones, en cada combate que se pelea en el mundo, atribuya el poder a Aquel a quien pertenece, “La diestra del SEÑOR es exaltada; la diestra del SEÑOR hace valentías.” Como antes de la batalla hemos en Su nombre levantado nuestra bandera, también después de la batalla en Su nombre una vez más damos la bandera de conquista a la brisa. “Toda la gloria sea para Él que ganó la victoria.” (Charles Spurgeon)
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RODOLFO PEÑA.
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