RICOS PARA CON DIOS

“Y les dijo: Tened cuidado y guardaos de toda forma de avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.”

(Lucas 12:15)

Lunes15 de Noviembre 2010. RODOLFO PEÑA


 
 

Según el psicólogo social alemán Erich Fromm, el deseo y la necesidad humana van mucho más allá de los impulsos instintivos naturales de satisfacer el hambre, la sed, y el sexo.  En otras palabras, hay mucho más a la felicidad humana que el hambre, la sed y el sexo.  Sin embargo, estos son los tipos de deseos a cuales mucha gente está en esclavitud; deseos que nos mantienen encerrados en lo que se conoce como la “prisión de los quieres.” 

Además, la revolución industrial y la comercialización ridícula que siguió después (para muchos el haber venido a un país sobreabundante) intensifico nuestro afán para agregar continuamente a nuestros deseos carnales un apetito insaciable para montañas de posesiones materiales. 

La mayoría de nosotros tenemos más de lo que necesitamos.  Y el Señor cuenta una parábola que se refiere específicamente a lo que debemos de hacer y la manera de afrentar nuestra abundancia.  Yo sé que muchos están pensando que no tienen exceso, que apenas la están haciendo – piensan que eso es sólo para la gente rica.  Pero se equivocan – usted si tiene extra.

Probablemente hay un puñado de personas leyendo esto que tienen menos de lo que necesitan para atender las necesidades básicas de alimentación, vivienda, vestuario y transporte.  Y este estudio es relevante para su situación también porque Cristo tiene palabras que decir al resto de nosotros acerca el compartir nuestro exceso con usted para atender sus necesidades.

Pero la gran mayoría de nosotros tenemos extra.  Si usted ha viajado por otros países sabe esto.  Muchos de ustedes traen dinero en efectivo en su billetera o cartera que no usaran hoy para el pan de cada día – eso es extra.  Si acostumbran ir al cine, eso es extra.  Si comen en restaurantes, eso es extra.  Si usted bebe café en Starbucks o algo semejante, eso es extra.  ¿Cuántos de ustedes tienen dinero en el cenicero de uno de sus coches?  Ya ve, eso es lo que los ricos hacen.  Sólo la gente rica guardaría su dinero en un bote de basura – ¿no cree?  Usted tiene más de lo que necesita.

¿Cuantos de ustedes tienen ropas de temporada?  Una o dos veces al año toman toda la ropa del invierno y la ponen en su propio ropero en la casa.  Allí se queda en lo oscuro por seis meses hasta que llega el invierno otra vez.  Ese es problema de los ricos.  Tienen dinero extra y deciden gastarlo en ropa.  Si tienen teléfonos celulares, cameras, computadoras, televisores, etc., entonces tienen extra.  La verdad es que todos tenemos dinero extra.  Todos tenemos cosas extra.  Usted no tendrá tanto como quisiera tener, o quizá no tiene tanto como tenía antes, pero siempre tiene extra.  ¿Y qué está haciendo con todo su exceso? 

Cristo dijo, Tened cuidado y guardaos de toda forma de avaricia”  En la ocasión del pasaje Cristo estaba enseñando a una multitud de miles de personas.  De repente, uno entre la multitud le interrumpió y le hizo una petición.  El problema del individuo era el dinero.  Su hermano no quería repartir la herencia con él.  Desde el punto de vista de él su hermano era egoísta y quería que Cristo lo reprendiera por ser avaricioso.  Buscaba la igualdad social con su hermano y quería que Cristo lo resolviera.

Pero con Su repuesta, el Señor pronto puso al hombre en su lugar, ¡Hombre! ¿Quién me ha puesto por juez o árbitro sobre vosotros?”  Luego dijo, Tened cuidado y guardaos de toda forma de avaricia”  ¿Qué paso aquí?  ¿Mal entendió el Señor el problema del hombre?  ¿No era su suplica legitima?  La avaricia era la de su hermano, no de él.  ¿Dónde pues podía acudir para la igualdad social?

Lo curioso es que este hombre completamente perdió el punto de la enseñanza de Cristo.  El Señor estaba enseñando sobre la hipocresía y la importancia de temer a Dios y no a los hombres.  El punto de Cristo era que debemos poner énfasis en las cosas del alma sobre las cosas terrenales.  Pero este hombre con su suplica revela que no estaba poniendo atención a lo que Cristo estaba diciendo.  Estaba muy preocupado con su problema personal.

Muchos nos equivocamos como este individuo.  Ninguno de nosotros creemos que somos avariciosos.  En hecho, jamás he encontrado una persona que crea que es avaricioso o avariciosa.  Todos simplemente queremos lo justo, lo que nos corresponde, nuestro pedazo de la torta.   Siempre vemos la avaricia en otros, pero nunca en nosotros.  Pero para Cristo, los dos estaban mal, los dos eran avariciosos, y él no se iba a enredar en esos asuntos ávidos, “guardaos de toda forma de avaricia.” 

Dios ve las cosas muy diferentes que nosotros.  Nosotros creemos que alguien siempre tiene que tener la razón y el otro estar equivocado.  Pero para Dios todos estamos equivocados, Por lo cual no tienes excusa, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas, pues al juzgar a otro, a ti mismo te condenas, porque tú que juzgas practicas las mismas cosas.” (Romanos 2:1). 

Para Dios este hombre estaba interesado en su parte de la herencia porque él también era avaricioso.  No era que el hombre estaba pobre o que le faltaba lo básico para vivir, sino simplemente quería la igualdad – su pedazo de la torta.

Luego Cristo dijo esto, la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.”  La persona es más que sólo sus posesiones.  Este hombre no podía ser feliz sin su parte de la herencia, como que si eso era el todo de la vida.  ¿Y no somos todos así? 

Todos estamos obsesionados con dinero y posesiones.  Siempre queremos la justicia social; queremos que las cosas materiales sean parejas para todos.  Con un fervor religioso creemos que somos lo que poseemos.  Cuando tenemos menos que otros, sentimos que somos menos que otros.  Cuando tenemos más que otros, sentimos que somos más que otros.     

Dependiendo de su grupo social, el símbolo de su éxito será diferente, pero casi siempre será algo que posee.  Tal vez sea el tamaño de su portafolio financiero y la suma del dividendo que ha ganado en los últimos dos trimestres que le da el prestigio.  Quizá son los tenis deportivos que calza si es un joven de un barrio del centro urbano.  Quizá es un automóvil, si es un hombre entre 25 y 50 años de edad. 

Puede ser su casa – los pies cuadrados, el diseño de su jardín o la decoración y los muebles.  Posiblemente sea el sonido envolvente de su estéreo, DVD, o su centro de entretenimiento de televisor de pantalla grande.  Si está entre las edades de 13 y 24, casi es seguro que es su vestuario – y el hecho que compra su ropa en empresas de calidad.  

Y todos nos sentimos defraudados cuando no recibimos lo que nos corresponde a nosotros.  ¡No es justo que otros tengan lo que yo no tengo!  ¿Dónde está el Dios de la justicia?  Yo quiero mi pedazo de la torta.  Dios, o el gobierno, tienen que hacer algo para que se me haga la justicia.  Pero Cristo no vino a juzgar entre esos asuntos avarientos.  Para nosotros, cosas como la igualdad social son de máximo importancia, pero para Dios no.

Contrario a lo que muchos creemos, hay peores cosas en la vida que perder dinero o ser defraudados de dinero.  Cristo estaba interesado en los asuntos del espíritu, cosas que pueden destruir el alma en el infierno.  El problema fundamental de este hombre no era la herencia sino su corazón. 

Y Cristo cuenta la parábola del rico insensato para enseñar lo que realmente es la codicia.  Por medio de una simple historia figurativa, Cristo expone el hecho que muchos de nosotros vivimos nuestras vidas como si que nuestras vidas no son más que nuestras posesiones. Codicia, según Cristo, es la idea que el exceso me pertenece a mí para mi propio consumo. 

Los Romanos tenían un proverbio que decía que el dinero es como el agua salada – entre más bebe uno, más sed tiene.  Salomón dijo, El que ama el dinero no se saciará de dinero, y el que ama la abundancia no se saciará de ganancias.  También esto es vanidad.” (Eclesiastés 5:10).

En la parábola siguiente Cristo se dirige al mero problema del hombre sobre la herencia, También les refirió una parábola, diciendo: La tierra de cierto hombre rico había producido mucho.  Y pensaba dentro de sí, diciendo: ‘¿Qué haré, ya que no tengo dónde almacenar mis cosechas?’  Entonces dijo: ‘Esto haré: derribaré mis graneros y edificaré otros más grandes, y allí almacenaré todo mi grano y mis bienes.  Y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete.” (Luc12:16-19).

El individuo representado en esta historia tenía abundancia de ganancias.  No sólo tenía exceso, sino extra, extra, tanto que no sabía en donde poner toda su sobrancera.  El problema de los ricos – ¿qué hacer con tanta abundancia?  ¡Que ese fuera el dilema de todos!  Pero este hombre era muy industrioso y emprendió una obra muy ambiciosa – derribar sus graneros viejos y construir más grandes todavía.  Él no era inútil ni perezoso, e invirtió su dinero juiciosamente.  

Cristo captura precisamente la manera que el mundo piensa en respeto a la abundancia: Yo lo gane; yo lo merezco; es todo mío para usar como yo quiera.  Note la actitud del hombre rico: Mi cosecha; Mi granero; Mi grano; Mis bienes.  Su actitud es igual a muchos de nosotros: Lo que yo gano con el trabajo de mis manos es mío para guardar y usar como yo quiera.  Yo trabajo duro por mi dinero, y merezco esto, aquello o la otra cosa como recompensa.  Yo tengo derecho de gastar o ahorrar mi dinero ganado con trabajo como me parezca.  Yo tengo extra para gastar en mis deseos y ahorrar para mi jubilación futura.  ¿Qué es lo malo en eso?  

El hombre insensato de la parábola no era deshonesto ni manejaba su dinero irresponsablemente ni gastaba su dinero vanamente.  Al contrario, este hombre era muy trabajador, un hombre de negocios astuto, que convirtió la tierra buena, agricultura buena, buenas prácticas de negocio, la buena administración del dinero y las inversiones provechosas en el éxito financiero. 

Es importante que no mal entienda, Cristo no está condenando la industria.  Ni Cristo, ni la Biblia, condenan el éxito o el hacer mucho dinero.  La Biblia tampoco condena disfrutar de las cosas buenas de la vida.  El punto de la enseñanza de Cristo no es que el ahorro prudente para necesidades futuras, incluyendo la jubilación, es malo.  El punto es ¿qué hacemos con el exceso?

La pregunta que muchos nunca hacen es ¿por qué tengo extra?  Para nosotros es obvio – tengo extra para gastar en mis gustos y para que nada me falte en el futuro.  A nadie se le ocurre otra posibilidad.  La única consideración es ¿lo gasto o lo ahorro?  Dar a otros en necesidad ni siguiera entra en nuestros corazones como consideración.  El hombre en la parábola de Cristo escogió la opción conservadora – escogió ahorrar.  La mayoría aplaudiría esa opción como la más sabia.

Pero la prosperidad de este hombre era demasiada, y crio el problema del almacén.  Sus graneros ya estaban llenos con tanta abundancia.  ¿Qué iba hacer con toda la sobreabundancia – con extra, extra?  La solución fue de edificar más grandes almacenes para guardar toda la superabundancia.  Esa es la actitud mundana hacia el problema del exceso – acumular y consumir.

La vida de personas incrédulas es nada más que la abundancia de sus posesiones.  Por eso para ellos lo mejor que pueden hacer es acumular más que su prójimo y consumirlo después.  Acumular hoy para consumir después.  La mayoría de la gente vive para gastar y ahorrar.  Si no hay otra vida después de esta, entonces esa es una filosofía buena.

Si esta vida es todo lo que hay, si no hay nada después; si los científicos ateos están correctos y no somos más que descendentes de reptiles y animales, la única filosofía que vale es comer, beber y divertirse porque mañana moriremos y todo se desaparece.  Pero eso supone que no hay nada después de esta vida – algo que los científicos no han podido confirmar ni jamás podrán probar porque está más allá de su conocimiento limitado.

Pero otra equivocación de gente insensata es la asunción que vivirán bastante tiempo para consumir lo acumulado.  Acumulan y ahorran mucho más de lo que necesitan para asegurar que nada les faltara en el futuro.  Este tipo de individuo asume que si acumula bastante podrá vivir bastante tiempo para consumirlo – que el sólo hecho de acumular garantiza la vida larga. 

Asumen que entre más tienen, más tiempo tendrán para comer, beber y ser feliz por muchos años.  Muchos hasta llegan al extremo de razonar, “¿Por qué me iba bendecir Dios con años y años y años de abundancia si no me iba dar años y años y años de vida para disfrutarlo?”  Es porque esta gente verdaderamente no entienden porque tienen más de lo que necesitan. 

Fíjese como Cristo comienza la parábola con las palabras bien escogidas: “La tierra de cierto hombre rico había producido mucho.”  Cristo no atribuye el éxito del hombre rico a su propia habilidad y trabajo duro solamente.  La tierra tuvo mucho que ver con el éxito del hombre, y Dios es el creador de la tierra. 

Los ricos y las personas exitosas suelen ser demasiado rápidos para atribuir su éxito a su propia habilidad y trabajo duro en lugar de a la bondad y la gracia de Dios y los muchos beneficios que disfrutamos simplemente por haber nacido en un país rico. 

Es Dios el que produce la abundancia, “Él riega los montes desde sus aposentos, del fruto de sus obras se sacia la tierra.  El hace brotar la hierba para el ganado, y las plantas para el servicio del hombre, para que él saque alimento de la tierra, y vino que alegra el corazón del hombre, para que haga brillar con aceite su rostro, y alimento que fortalece el corazón del hombre.” (Salmos 104:13-15)

La advertencia de Moisés a los Israelitas también se aplica a nosotros.  Nosotros podemos decir en nuestro corazón, “Mi poder y la fuerza de mi mano han producido esta riqueza.”  Pero acuérdate del Señor tu Dios, porque Él es el que te da poder para hacer riquezas (Deuteronomio 8:17-18).

El punto de Cristo era que Dios da la abundancia y no nosotros solos.  Y porque Dios da la habilidad de hacer riquezas, entonces somos responsables a Él.  Nosotros no podemos decidir usar esa abundancia como nos dé gana; no es para nuestro consumo y acumulación.  Esa abundancia es para hacer la voluntad de Dios.  Almacenando toda la superabundancia lleva a la pérdida total y es una tontería. 

El mundo ve la construcción de grandes graneros para almacenar su superabundancia como un plan magnifico, pero Dios dice, “¡Necio! Esta misma noche te reclaman el alma; y ahora, ¿para quién será lo que has provisto?” (Lucas 12:20).  Y Cristo añadió, Así es el que acumula tesoro para sí, y no es rico para con Dios.”

 

El hombre de la parábola tenía un gran plan de jubilación, ¡pero nunca vio más allá de este mundo!  Así son muchos hoy en día – están bien preparados para la jubilación, pero totalmente desprevenidos para la muerte y la eternidad.  Y eso es trágicamente y insensatamente ciego y corto de vista, porque no todos se jubilan ¡pero todos si mueren!

Hay muchas personas exitosas de este mundo que miran con desprecio a gente que vive de día en día y no tienen algún plan de ahorro o de jubilación, y sin embargo, ellos no han hecho preparaciones para la vida después de la muerte.  Dios llama a esas personas “necias” porque terminaran perdiendo todo.  Todo lo que trabajaron tan duro para obtener será dado a otros, no porque fueron generosos, sino ¡porque están muertos!

Cristo dijo, Vosotros, pues, no busquéis qué habéis de comer, ni qué habéis de beber, y no estéis preocupados.  Porque los pueblos del mundo buscan ansiosamente todas estas cosas; pero vuestro Padre sabe que necesitáis estas cosas.  Mas buscad su reino, y estas cosas os serán añadidas.  No temas, rebaño pequeño, porque vuestro Padre ha decidido daros el reino.  Vended vuestras posesiones y dad limosnas; haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro en los cielos que no se agota, donde no se acerca ningún ladrón ni la polilla destruye.” (Lucas 12:29-33).

Algunos de ustedes han sido bendecidos con tanto talento y habilidad y educación y personalidad y ética de trabajo y destreza que tendrían éxito y pudieran ganar mucho dinero en casi cualquier cosa que intentaran.  La pregunta es: ¿Por qué?  ¿Por qué se le ha confiado tanto a usted?  ¿Sólo para ser consumido en más cosas, o acumulado en más grandes graneros?  ¿No será más bien para que sea invertido para la eternidad?  Para ser invertido en el reino eterno de Dios.

Usted debe considerar el dinero que Dios le provee aquí en la tierra como capital de inversión eterna.  Por supuesto, parte de ese capital se necesita para gastos de sustento y criar una familia, que también fue instituido por Dios.  Pero muchos de nosotros hemos sido bendecidos con un exceso de dinero extra que va más allá de proveer las necesidades de la vida para nuestra familia.  Y muchos malgastamos ese dinero extra en tesoros terrenales que terminaran en basureros.  Cuando mejor pudiéramos invertir ese exceso en el reino de Dios y obtener dividendos eternos.

Dios no distribuye de manera desigual porque ama a algunos más que a otros, pero para que Sus hijos puedan distribuir a sus hermanos y hermanas en Su nombre.  Dios escoge algunos porque se han mostrado dignos de confianza, y a otros para probar su fe – si verdaderamente son fieles.  La abundancia no es la provisión de Dios para que yo viva en lujo.  La abundancia es la provisión de Dios para que yo ayude a otros.  Dios me confía ese dinero no para que yo construya mi reino en la tierra, sino para que construya Su reino celestial.

El apóstol Pablo confirmo esta enseñanza cuando escribió a la iglesia de Corinto, No digo esto para que haya para otros holgura y para vosotros escasez, sino para que en este momento, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, como está escrito: El que recogió mucho no tuvo más y el que poco, no tuvo menos.” (2 Corintios 8:13-15).

Dios nos prospera, no para elevar nuestro nivel de vida, sino para elevar nuestro nivel de dar.  Si usted ha sido bendecido o bendecida con un excedente de dinero más allá de sus necesidades básicas, está bien disfrutar de las cosas buenas que Dios ha provisto para usted y su familia.  Es aun propio gastar de vez en cuando y disfrutar las cosas buenas de la vida con nuestro exceso. 

 

Pero nunca asuma que usted es el intentado o intentada destino final de toda esa sobreabundancia.  Dios le da a usted para que usted comparta generosamente con otros en necesidad, El que robaba, no robe más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.” (Efesios 4:28).

Dios nos da una abundancia de tesoro terrenal para que sea invertido en Su reino eterno.  Si Dios le ha concedió la habilidad de producir riqueza, no desperdicie esa capacidad dada por Dios en tesoros terrenales cuyo fin son los depósitos de basura.  Aprenda a vivir para línea, no para el punto.  El punto representa la vida aquí en la tierra.  La línea representa la eternidad en el cielo.

Tristemente, muchos cristianos viven la vida al revés – viven para el punto y no para la línea.  Estamos todos consumidos con los cuidados de este mundo: que tan grande casa podemos afianzar, que tan lujoso carro podemos manejar, cuales son las modas corrientes de ropa, que tan grande cuenta de jubilación podemos construir.

Pero cada uno de nosotros tendremos que dar cuenta a Dios por lo que hacemos con nuestra sobreabundancia.  El hombre rico de la parábola pensó en sí: ¿Qué hare?  Él hizo una decisión basado en asunciones falsas.  La asunción que el exceso pertenece a mí para hacer como mejor me parezca.  La asunción que el exceso es mío y no soy responsable a nadie más que a mí mismo por lo que hago con ello.  La asunción que tendré muchos años de vida para disfrutar de mi prosperidad.  La asunción que la vida se trata de mí y mi felicidad.

Pero Dios le dijo al hombre rico, “¡Necio! Esta misma noche te reclaman el alma”  Todo lo que tenemos viene de la mano de Dios y es para ser usado de acuerdo a Su voluntad, que incluye proveer por nuestras familias, disfrutar de los buenos placeres de la vida proveídos por un Dios bueno y generoso, ahorrar prudentemente para el futuro, compartir con los necesitados, invertir en la obra del reino de Dios y la edificación de la iglesia y la propagación del evangelio de Jesucristo a todas las naciones.

Cuando Dios generosamente nos da más de lo que necesitamos para compartir con los necesitados, daremos cuenta a Él si acaso usamos el exceso para Sus propósitos o si lo gastamos en nosotros mismos.  Nosotros nos mortificamos si tendremos bastante dinero al fin de la vida, pero Cristo dice que en lugar debemos de mortificarnos si moriremos con una obscenidad  de riquezas almacenadas en grandes graneros – malversación de fondos que deberían haber sido regalado mientras había tiempo. 

Necesitamos madurar a la realidad que nos hacemos ricos para con Dios cuando convertimos el tesoro terrenal en tesoro celestial, “Así es el que acumula tesoro para sí, y no es rico para con Dios.”  ¿Cree usted esta declaración de Cristo?  ¿Tiene usted fe en la palabra de Dios?  Entonces ponga en obra, Vended vuestras posesiones y dad limosnas; haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro en los cielos que no se agota, donde no se acerca ningún ladrón ni la polilla destruye.” (Lucas 12:33).

Todos los tesoros terrenales pronto serán sin valor.  Sólo el tesoro celestial tendrá algún valor cuando muera.  Los únicos tesoros que usted retiene después de la muerte son los que regala antes de morir.  Todo lo que usted acumula para sí lo perderá.  Todo lo que da a los necesitados y para la causa de Cristo será almacenado de forma segura en el cielo para siempre.  Hay sólo una manera de preservar su tesoro terrenal – conviértalo en tesoro celestial con dar a los necesitados.

Guárdelo para sí y lo perderá, o déselo a los pobres y será seguro y protegió para siempre.  Regalando nuestro dinero, especialmente dando a los pobres sin ningún aparente beneficio para nosotros, es como quebrantamos las garras de la codicia en nuestros corazones.  Cristo astutamente diagnosticó que el hombre con la queja en cuanto la herencia tenía un problema cardiaco llamado avaricia.

Así también nosotros.  Mientras retengamos el exceso para nosotros, nuestro corazón será ligado a ello, y la avaricia obtendrá un cimiento en nuestro corazón.  La única manera de romper el agarro de la avaricia en su corazón, es por dar su tesoro para los propósitos del reino de Dios – entonces su corazón será ligado y dedicado al reino de Dios.  

En suma, Cristo comenzó Su enseñanza con la advertencia: ¡Cuidado!  Estén en guardia contra toda forma de avaricia.  Y termino Su enseñanza con el mandamiento: Vendan sus posesiones y dénselas a los pobres.  Y nos dio una promesa: Hagan para sí tesoros en los cielos donde jamás pueden ser destruidos.  Y nos dejo una verdad libertadora: Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.

La pregunta para usted es: ¿Estará usted rico o pobre cinco minutos después de que muera?  El agricultor rico almacenó muchas cosas buenas para el resto de su vida, pero se entero esa noche que su vida había terminado y él no había sido rico hacia Dios.  Toda la abundancia que almacenó en graneros grandes se hizo completamente sin valor para él el momento que murió, pero ya era muy tarde para hacer algo para corregirlo.

Pero no es muy tarde para usted.  Usted todavía puede hacerse rico o rica hacia Dios.  Usted tiene tiempo para invertir su vida en hacer un impacto significante por la causa de Cristo en las familias pobres y necesitadas y vulnerables de este mundo.   Todavía hay tiempo para invertir su tiempo y habilidades y dones en la edificación del cuerpo de Cristo.  Usted tiene tiempo para invertir su dinero para el reino de Dios y para ayudar a los necesitados.  Necesita enterarse que ninguno de nosotros nos hacemos ricos por lo que retenemos para nosotros – sólo nos hacemos ricos por lo que damos gratuitamente.

“Cuando haya algún pobre entre tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que el Señor, tu Dios, te da, no endurecerás tu corazón ni le cerrarás tu mano a tu hermano pobre, sino que le abrirás tu mano liberalmente y le prestarás lo que en efecto necesite.  Cuídate de que no haya pensamiento perverso en tu corazón, diciendo: ‘El séptimo año, el año de remisión, está cerca’, y mires con malos ojos a tu hermano pobre, y no le des nada; porque él podrá clamar al SEÑOR contra ti, y esto te será pecado.  Con generosidad le darás, y no te dolerá el corazón cuando le des, ya que el SEÑOR tu Dios te bendecirá por esto en todo tu trabajo y en todo lo que emprendas.  Porque nunca faltarán pobres en tu tierra; por eso te ordeno, diciendo: ‘Con liberalidad abrirás tu mano a tu hermano, al necesitado y al pobre en tu tierra’.” (Deuteronomio 15:7-11)

A los ricos de este mundo, enséñales que no sean altivos ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos.  Enséñales que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos y prontos a compartir, acumulando para sí el tesoro de un buen fundamento para el futuro, para que puedan echar mano de la vida eterna.”  (1 Timoteo 6:17-19)

“La riqueza excedente es una confianza sagrada que el poseedor está obligado a administrar para el bien de la comunidad.” (Andrés Carnegie )

“No hay una clase más tristemente miserable como la que posee dinero y nada más.”(Andrés Carnegie)


Andrés Carnegie (1835-1919), era un escocés-americano industrialista, empresario, emprendedor, y filántropo importante.  Carnegie donó la mayor parte de su dinero para establecer muchas bibliotecas, escuelas y universidades en los Estados Unidos, Inglaterra y otros países, así como un fondo de pensión para ex­­­­­-empleados.  Es considerado como el segundo hombre más rico de la historia después de Juan D. Rockefeller.  Carnegie dedico la última parte de su vida a la filantropía (amor a la humanidad) a gran escala, con énfasis especial en bibliotecas locales, paz mundial, la educación y la investigación científica.  Su vida a menudo ha sido referida como una verdadera historia de “pobreza a riqueza.”

 

 

Por: RODOLFO PEÑA.

Puede escribirle: penarudy@comcast.net

 

 



 

 

 
 
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